Ya sea visible, como carreteras y puentes, o invisible, como líneas de datos y redes digitales, la infraestructura crea conexiones. Permite la movilidad, la comunicación y el suministro. Sin ella, las sociedades modernas serían inconcebibles.
La infraestructura es la columna vertebral de nuestra vida cotidiana: une a las personas, impulsa la innovación y mantiene en movimiento la economía y la sociedad. En un mundo cada vez más interconectado, la infraestructura es más que nunca la clave para el progreso, la resiliencia y la cohesión.
Las tendencias a largo plazo y una necesidad creciente de inversión están marcando el desarrollo global de la infraestructura. Muchos países enfrentan dificultades con estructuras obsoletas fruto de años de falta de inversión. A nivel mundial, se estima que la necesidad de inversión ronda los 94 billones de USD[1]], una clara señal de la urgencia de medidas de modernización integral.
La necesidad de invertir en infraestructura está impulsada principalmente por las siguientes tendencias:
El aumento de la población está generando una demanda creciente de vivienda, energía, agua y movilidad.
Cada vez más personas se trasladan a las ciudades, lo que hace necesario contar con redes de transporte eficientes, sistemas de alcantarillado e infraestructuras digitales.
La digitalización exige el desarrollo de infraestructuras digitales complejas.
La ampliación y modernización de la infraestructura de transporte es fundamental para satisfacer la creciente demanda de servicios de movilidad.
Un suministro fiable de electricidad, agua e internet constituye la base para el correcto funcionamiento de las sociedades.
Las inversiones en infraestructura son relativamente independientes de los ciclos económicos. La demanda de redes para transportar electricidad, datos y otros recursos se mantiene esencialmente estable a pesar de las fluctuaciones de precios.
Los gobiernos por sí solos no pueden financiar las enormes sumas requeridas, por ejemplo con los ingresos fiscales. Por ello, es imprescindible movilizar a inversores privados para complementar los presupuestos públicos.
La evolución del valor del subfondo viene determinada principalmente por los siguientes factores, que encierran tanto un potencial alcista como bajista:
La evolución de los mercados bursátiles internacionales;
La evolución específica de las empresas y los sectores;
Las variaciones de los tipos de cambio de las divisas distintas del euro frente al euro.
Las inversiones del subfondo pueden concentrarse en diferentes subsectores, países y segmentos de mercado durante un periodo variable determinado.
Además, pueden utilizarse derivados. Estas inversiones también conllevan otras oportunidades y riesgos.