23.09.2020 Leer antes de invertir

Acciones e infraestructuras, los activos favoritos para 2030

La crisis del coronavirus ha cambiado las perspectivas de rentabilidad de las diferentes clases de activos de cara a la próxima década. En este sentido, parece probable que las acciones y las inversiones alternativas puedan ofrecer a los inversores particulares buenas oportunidades para obtener beneficios.

  • El efecto de la pandemia del coronavirus en las empresas es parecido a lo que ocurrió en la crisis financiera de los años 2008 y 2009. Por ello, DWS Research Institute espera que la recuperación a largo plazo se desarrolle de forma similar.
  • En este contexto, el pago de dividendos y el crecimiento del beneficio deberían convertirse en los principales catalizadores de la rentabilidad de las acciones en la próxima década.
  • Asimismo, la inversión en infraestructura y en empresas cotizadas que invierten en el mercado inmobiliario puede ser rentable a largo plazo.
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Durante esta pandemia hemos comprobado que el coronavirus provoca muchos síntomas en el mercado y en los inversores.

Y es que, tras la recesión provocada por el virus, resulta imposible predecir cuándo y cómo será la recuperación económica. ¿Cómo de rápido podrán ayudar los miles de millones aportados por los contribuyentes y el dinero movilizado por los bancos centrales, a devolver la economía a su senda habitual? ¿Habrá una segunda oleada del virus que implique un segundo confinamiento? ¿Cuándo estará disponible una vacuna efectiva? Actualmente hay muchas preguntas sobre el futuro para las que todavía no hay respuesta.

Shock inicial y luego, recuperación

En este contexto, en junio DWS reexaminó la rentabilidad de los principales activos que se espera para el año 2030 como parte de su estudio de inversión a largo plazo “DWS Long View”. La conclusión provisional más importante que obtuvieron los expertos del DWS Research Institute fue la siguiente: “Los recortes en los dividendos, el deterioro de la calificación crediticia de las empresas y la conmoción de los mercados de bonos del gobierno han sido más extremos al principio de la crisis del coronavirus que durante la crisis financiera de 2008-2009. Sin embargo, la coyuntura de muchas empresas es comparable a las consecuencias derivadas de aquella crisis financiera”.

Desde un punto de vista empresarial, la crisis del coronavirus se parece más a la crisis financiera de 2008-2009.

Esto significa que la situación no parece tan negativa como lo fue en las primeras semanas del confinamiento. “En el tercer trimestre, la mayoría de las economías desarrolladas deberían haber vuelto a una senda de crecimiento”, sostiene el equipo de DWS. Asimismo, muchas empresas se están beneficiando de las ayudas de los gobiernos, que, además de haber sido establecidas con mayor celeridad que en 2008-2009, se han aplicado a una mayor escala.

“Los gobiernos han evitado que la recesión del coronavirus se convierta en una depresión sin precedentes”, recoge el informe. “Esto ha permitido que las empresas aseguren su liquidez y sus puestos de trabajo. Cuando las ruedas volvieron a girar de nuevo, los gobiernos apoyaron a las empresas con paquetes de estímulos que, en muchos lugares, supusieron hasta un 40% del valor nacional añadido”.

Del mismo modo, y con la compra de bonos por valor de miles de millones de euros, los bancos centrales también aportaron importantes inyecciones financieras que ayudaron a la estabilización de la economía. “Esto añadirá otros 1.350 millones de euros al balance financiero del Banco Central Europeo”, estiman desde DWS. “Además, el balance financiero de su homólogo estadounidense, la Fed, también será el doble de grande a finales de 2020 de lo que lo era en enero”.

En esencia, el telón de fondo de esta coyuntura es que se espera que la recuperación económica global sea en forma de una raíz cuadrada matemática: debería moverse rápidamente hacia arriba tras haber alcanzado su punto más bajo, pero después sería probable que se mantuviera aplanada, de forma similar a como se encontraba el crecimiento en sus niveles anteriores a la crisis.

Los dividendos y los beneficios impulsan la rentabilidad de las acciones

¿Qué suponen estos factores para las perspectivas del mercado de acciones a largo plazo? Tras el shock inicial generado por la pandemia, que causó que el índice estadounidense S&P 500 cayera en picado, o que los blue chips del Dax alemán bajaran un 12% en solo una semana, la mayoría de índices se encuentra ahora de vuelta o un poco por debajo de sus máximos anteriores a la crisis.

El equipo de DWS cree que el poder de los dividendos de las empresas volverá a la normalidad en un periodo de cinco años, contando a partir de la conmoción de mercado acontecida en la primavera de 2020, como ya ocurrió con la crisis de 2008-2009. Se espera que los catalizadores de la rentabilidad de la renta variable durante la próxima década sean la distribución de dividendos y la recompra de acciones, seguidos de las ganancias corporativas reales y del aumento del precio de las acciones resultante de ambos factores. Por ello, los expertos de DWS calculan que la rentabilidad anual media esperada de los próximos diez años sea de un 5,5% para las acciones estadounidenses, un 4,6% para las acciones europeas y un 5,9% para las acciones de los mercados emergentes. En esta coyuntura, la previsión para Alemania es de un 4% anual.

La rentabilidad de los bonos aún más baja de aquí a una década [1]

En el terreno de los bonos, el incremento masivo del gasto presupuestario como consecuencia del coronavirus, unido a las compras de bonos a gran escala llevadas a cabo por los bancos centrales, son factores que han afectado a las previsiones a diez años, pues ambos han creado una demanda adicional de los mercados de renta fija. Este hecho causó que las rentabilidades cayeran aún más en los momentos más críticos del confinamiento y, en este sentido, es probable que las perspectivas de las ganancias continúen disminuyendo hasta 2030.

“Para los inversores de bonos del gobierno estadounidenses, por ejemplo, es probable que la próxima década traiga consigo tasas nominales y de intereses reales bajas”, indican los expertos de DWS. Así, es también posible que las rentabilidades negativas de algunos “refugios seguros”, como es el caso de los bonos alemanes del gobierno, continúen durante algún tiempo.

 

Asimismo, incluso la rentabilidad de los bonos corporativos ha sucumbido a la presión del coronavirus, mientras que, al mismo tiempo, el agresivo freno en la economía ha aumentado paralelamente el riesgo de insolvencia y, con él, la probabilidad de impagos. De este modo, el segmento de la tabla de ganancias de DWS dedicado a los bonos es desalentador, en tanto que el equipo estima que, de cara al año 2030, los bonos del gobierno estadounidense tendrán, probablemente, un beneficio de tan solo un 0,7% anual, mientras que los bonos del gobierno europeos, incluidos los German Bunds, es probable que tengan una rentabilidad de un -0,2%. De acuerdo con las previsiones de DWS, tan solo los bonos gubernamentales de los mercados emergentes que presenten un perfil de riesgo mucho más elevado ofrecerán rentabilidades de en torno a un 5,6% anual.  

Los activos de infraestructura se benefician de los ingresos estables[1]

Por el contrario, las estimaciones de rentabilidad a largo plazo de DWS arrojan perspectivas más interesantes para las inversiones alternativas, incluyendo fondos que invierten en proyectos vinculados a las infraestructuras, como redes telefónicas, carreteras y presas, o fondos del mercado inmobiliario, conocidos como Socimis. Estas inversiones se ven favorecidas por el hecho de que los modelos de negocio de los operadores de infraestructuras generan ingresos a prueba de crisis, lo que tiene un efecto estabilizador en las valoraciones del mercado de valores. El análisis de DWS para el año 2030 muestra una estimación de la rentabilidad total de un 6,2% anual para los temas vinculados a las inversiones en infraestructura global. Dicho estudio revela además que en torno a la mitad de esta rentabilidad procede de la renta corporativa, siendo el crecimiento corporativo el segundo impulsor más importante. 

En síntesis, las acciones o los fondos que invierten en acciones ofrecen unas oportunidades de inversión positivas incluso en un horizonte temporal de diez años, mientras que el perfil de rentabilidad de muchos bonos, que ya era precario incluso antes de la crisis del coronavirus, se ha deteriorado aún más. En esta coyuntura, y a la luz de los resultados obtenidos por los análisis, las infraestructuras y los fondos vinculados a propiedades inmobiliarias parecen ofrecer un perfil riesgo/rentabilidad positivo.

 

Desde una perspectiva de rentabilidad a largo plazo, los bonos son los mayores perdedores.

El coronavirus ha convertido la infraestructura y las Socimis en las favoritas en términos de rentabilidad[2]

Retorno anual esperado hasta 2030 en divisa local

Tabla 22.09.JPG

Las inversiones en infraestructuras y las socimis se encuentran entre las clases de activos más prometedoras, de acuerdo con las perspectivas a largo plazo elaboradas por DWS en agosto de 2020. Las acciones también parecen atractivas, mientras que, si se compara en términos de rentabilidad, los bonos parecen ser los perdedores.

Fuente: DWS Investment GmbH, a fecha de: 30/07/2020

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1. Las previsiones no son indicadores fiables de un comportamiento futuro. Las previsiones están basadas en hipótesis, estimaciones, opiniones y modelos hipotéticos que podrían estar equivocadas o ser inexactas.

2. Los riesgos para las Socimis y la infraestructura se derivan de los recortes de dividendos, pero en el corto plazo y desde un punto de vista estructural, como consecuencia del Covid-19 y de las cuestiones relacionadas con los fundamentos corporativos.

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