En el ojo del huracán

¿Por qué se ha convertido la manufactura en una cuestión central de la actual guerra comercial?

¡Cómo cambian las cosas en una década, o en tres! Si ha vivido usted lo suficiente, recordará qué se pensaba de los negocios que «fabricaban cosas» hace un par de décadas. A finales de los noventa, en el momento de máximo entusiasmo por la denominada «nueva economía», la manufactura era considerada la «vieja economía». Aferrarse a ese sector era una estrategia destinada al fracaso por la competencia de los productores de bajo coste de mercados emergentes. Diez años después, tras la crisis financiera, la manufactura volvió a estar de moda y muchos países anunciaron medidas para respaldar sus planes de reindustrialización. En la actualidad, y con el telón de fondo de las disputas comerciales, el énfasis está puesto en los bienes industriales. Los lavavajillas coreanos, el acero canadiense y los paneles solares chinos se cuentan entre los primeros productos cuya importación se ha visto penalizada por la imposición de aranceles. En los próximos meses, los coches alemanes también podrían estar en el objetivo de Donald Trump.

¿Qué importancia tiene la manufactura a día de hoy? Nuestro Gráfico de la Semana ofrece algunos datos reveladores. Para empezar, el peso del sector manufacturero en el producto interior bruto (PIB) nacional varía sustancialmente entre los distintos países. Si se intensificase el conflicto comercial mundial, los países más expuestos a la manufactura lógicamente se verían más afectados. China es vulnerable en este sentido, pero también Alemania, cuya dependencia de la manufactura ha aumentado en los últimos años, al contrario de la tendencia mundial.

¿Qué explica esta tendencia mundial por la que la manufactura representa cada vez un porcentaje más pequeño del PIB en la mayoría de los países? ¿Y qué hay detrás de la renovada obsesión por la manufactura por parte de los impulsores de la guerra comercial? Resulta que estas dos preguntas están muy relacionadas. Según la teoría económica estándar y unos dos siglos de historia económica, la manufactura ha sido, básicamente, víctima de su propio éxito. Es más fácil lograr mejoras de productividad en la fabricación de productos que en la prestación de servicios personales (pensemos, por ejemplo, en la productividad de las cadenas de montaje industrial y en la de una peluquería). Así que, con el paso del tiempo, el porcentaje de empleos y de valor añadido en manufactura tiende a reducirse en todo el mundo.

Esta situación ha resultado explosiva a nivel político. Durante mucho tiempo, las cadenas de montaje ofrecieron trabajos estables, con buenos sueldos, a generaciones de trabajadores relativamente poco cualificados. Visto así, los resultados electorales no resultan tan sorprendentes. Si a esto le sumamos que los bienes físicos son más fáciles de contabilizar y de gravar, es fácil entender por qué a la administración estadounidense le resulta políticamente ventajoso poner el foco en los productos extranjeros. El problema es que, en el resto del mundo, muchos otros políticos también quieren revitalizar la manufactura dentro de sus propias fronteras. Desafortunadamente, es poco probable que eso resulte positivo para el conjunto de la economía mundial.

Fuentes: Banco Mundial, DWS Investment GmbH a 15/5/19.

Todas las opiniones y afirmaciones contenidas en el presente documento se basan en datos de fecha 15 de mayo de 2019 y podrían no llegar a materializarse. Esta información podrá verse modificada en cualquier momento dependiendo de consideraciones económicas, de mercado y de otro tipo, y no debería tomarse como una recomendación. Los rendimientos pasados no son indicativos de resultados futuros. Las previsiones están basadas en hipótesis, estimaciones, opiniones y modelos hipotéticos que podrían estar equivocadas. DWS International GmbH. Traducido del CRC 067708 (05/2019)

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