¿Cómo podemos optimizar nuestro ahorro?

 

El crecimiento de nuestro patrimonio está estrechamente vinculado con la tasa de ahorro, de ahí que, a la hora de asegurarnos un futuro cómodo y sin dificultades económicas, el ahorro sea clave. Para que sea efectivo, el ahorro debe ejercitarse cuanto antes, idóneamente, desde el primer sueldo, y debe ser constante y habitual en el tiempo. Sin embargo, esta teoría dista mucho de la práctica, al menos en España. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) 1, un 38% de los hogares españoles no tiene dinero guardado para imprevistos y la tasa de ahorro está en el 6,1%, cerca del mínimo histórico del 5,8% del primer trimestre de 2008. Así, a pesar de que la sociedad española está concienciada sobre la importancia de ahorrar y planificar financieramente su futuro, seguimos fallando en constancia. Por ello, en este artículo os apuntamos unas ideas sencillas para mejorar en esta asignatura pendiente. Ya lo hemos aprobado.

 

1. Un colchón para imprevistos

Existen múltiples razones que nos pueden motivar para ahorrar: un nuevo coche, reformar nuestra casa, viajar… Sin embargo, debemos ser prudentes y planificar más allá de estos proyectos o acciones puntuales, reservando una partida de nuestros ingresos para imprevistos. Así crearemos lo que, coloquialmente, se conoce como un “colchón financiero”. ¿Qué cuantía debemos ahorrar para imprevistos? Según indican desde Finanzas para Todos2 la página de fomento de educación financiera coordinada por la CNMV y el Banco de España, lo idóneo es tener una reserva de entre tres y seis meses de gastos normales; es decir, hipoteca o alquiler, gastos en luz, teléfono, etc. En el caso de que el imprevisto sucediese, las alternativas a este colchón financiero suelen ser la petición de un crédito o la venta precipitada de activos. Estas soluciones de urgencia suelen implicar gastos o intereses adicionales. El colchón tendría que ser, además, líquido. Es decir, el dinero para emergencias tendría que estar fácilmente disponible por lo que, en el supuesto de que estuviera invertido en un activo financiero, éste tendría que ser un producto muy líquido y sin penalizaciones por fecha de vencimiento. El activo líquido, por definición, es “aquel que puede transformarse rápidamente en dinero sin que esto implique una pérdida de valor”. El dinero en efectivo es, por ende, el activo más líquido del que podemos disponer pero también son líquidas, por ejemplo, las acciones de Bolsa o los fondos de inversiones.

 

2. ¿Qué tipo de inversor somos?

Antes de invertir nuestro ahorro en algún activo debemos formularnos dos grandes preguntas: cuál es nuestra exposición al riesgo y qué rendimientos esperamos obtener. Aunque el objetivo sea optimizar al máximo el ratio rentabilidad – riesgo debemos ser conscientes de que, en un entorno de tipos de interés como el actual, la rentabilidad real exige un mínimo nivel de riesgo por parte del inversor. A partir de estas dos métricas, el inversor ya puede clasificarse como conservador, moderado o arriesgado y, en función de ello, acceder a unos activos financieros o a otros. Así, un inversor conservador podrá optar por fondos de inversión orientados a renta fija y un inversor que pueda asumir un nivel de riesgo mayor escogerá fondos con un sesgo de renta variable. Otra variable a tener presente si queremos tomar decisiones de mercado inteligentes es el horizonte temporal. ¿Cuál es el período de tiempo durante el cual el inversor está dispuesto a mantener invertido su capital? Hay productos que, como los depósitos o los planes de pensiones, demandan una inmovilización del capital mayor durante más tiempo y que, por tanto, no son aconsejables para quienes acceder en un corto plazo a sus ahorros.

 

3. Planificar a largo plazo: la jubilación

En la actualidad, la tasa de sustitución (porcentaje del último sueldo que un trabajador cobra del sistema público cuando se jubila) es del 82,1%, la más alta de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), cuya media es del 41,3%. Esta alta dependencia del sistema público es, según los expertos, uno de los motivos por los que en nuestro país no se ahorra regularmente para la jubilación. Según las previsiones de la OCDE, la tasa de sustitución va a cambiar drásticamente en los próximos años. En 2050 se calcula que podría situarse en el 51% en España. Es decir, los trabajadores que en la actualidad suman entre 35 y 45 años percibirían sólo la mitad de su sueldo. En todo caso, debemos interpretar con cautela estas suposiciones de la OCDE, ya que al estar basadas en estimaciones e hipotéticos análisis pueden resultar imprecisas o incorrectas. De todas formas, el eco de estas advertencias es cada alto y esto sumado a las tendencias demográficas de España provoca que los expertos, gobierno incluido, aconsejen complementar la pensión pública con el ahorro privado para nuestra jubilación. En cuanto a la forma de ahorrar para nuestro retiro, existen múltiples tipos de activos con un horizonte temporal a largo plazo. Si, por ejemplo, todavía nos quedan unos 20 años para jubilarnos podremos optar por un fondo de pensiones o un fondo de inversión ya que ofrecen interesantes rentabilidades y ventajas fiscales.

 

4. Ventajas de los planes de pensiones

A pesar de tener una rentabilidad moderada, los planes de pensiones, según datos del V Barómetro del Ahorro del Observatorio Inverco, se sitúan con un 56% como la primera opción de ahorro, seguido de los depósitos (48%) y, en tercer lugar, los fondos de inversión (33%). Una de las razones que hacen que este instrumento sea atractivo para tantos ahorradores reside en sus ventajas fiscales, que permiten desgravar el dinero aportado, mediante una reducción de la base imponible. Se pueden desgravar las aportaciones hasta un máximo de 8.000 euros anuales o, en el caso de que no se alcance esta cantidad, aquellas que representen el 30% de los rendimientos del trabajo u otras actividades económicas. Es este punto es importante destacar que, si un cónyuge tiene rentas anuales inferiores a 8.000 euros, se permite aportar a su favor un máximo de 2.500 euros al año.

 

5. ¿Invertir en fondos de inversión?

A pesar de que la tasa de ahorro de los hogares españoles ha caído en 2017, el ahorro financiero, según datos de Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones2 (Inverco), ha vuelto a aumentar en el pasado año y previsiblemente cerrará en torno a los 2,1 billones de euros (182% del PIB). A fecha de febrero de 2018, el patrimonio de la inversión colectiva (Fondos y Sociedades) experimentó en febrero se sitúa en 469.670 millones. Los fondos de inversión ofrecen unas ventajas al ahorrador frente a los planes de pensiones. Son, por ejemplo, un producto líquido ya que los partícipes pueden rescatar su dinero en un plazo máximo de 3 días. Otro de los puntos a favor de los fondos de inversión es la fiscalidad, ya que los partícipes pueden traspasar el patrimonio entre fondos y retrasar el pago de las plusvalías hasta el momento de su venta. Con los fondos de inversión, el ahorrador tendrá las inversiones más diversificadas y podrá acceder a activos tales como la renta variable alemana que, si no fuera por este vehículo, estarían reservados a grandes patrimonios.

En resumen

  • Debemos disponer de un colchón financiero con efectivo o activos líquidos para gastos imprevistos.
  • Para mantener un nivel de vida similar al de nuestra etapa en activo durante nuestra jubilación debemos complementar la pensión pública con ahorro privado.
  • Los fondos de inversión son un activo líquido que permite que el ahorrador diversifique sus activos.

1. INE (Instituto Nacional de Estadística), a 19 de febrero 2018
2. V Barómetro del Ahorro del Observatorio Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones), a 24 de octubre de 2017.

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