Turquía, los problemas crecen

La crisis en Turquía se acrecienta. No esperamos una mejoría rápida, pero como esta crisis está “hecha en casa”, creemos que el riesgo de contagio a otros países estará mitigado.

La crisis en Turquía se acrecienta. No esperamos una mejoría rápida, pero como esta crisis está “hecha en casa”, creemos que el riesgo de contagio a otros países estará mitigado. Sin embargo, existen razones para esperar cautela y volatilidad en los mercados.

Por todos es sabido que ha habido desequilibrios en la economía turca. Pero han sido necesarias varias acciones contraproducentes del gobierno para que la crisis se haya tornado feroz. Las promesas electorales previas a los comicios de junio eran inviables. El rechazo del presidente Erdogan a los tipos altos y su visión de que éstos eran los causantes de la inflación confundió a los inversores.

La reducción de la independencia del Banco Central y el nombramiento del yerno de Erdogan como ministro de Finanzas erosionó aún más la confianza de los inversores. Además, la disputa abierta entre Ankara y Washington echó más leña al fuego. El encarcelamiento del pastor estadounidense Brunson llevó a Washington a tensar la cuerda con el anuncio del presidente de Trump de aumentar los impuestos al acero y el aluminio turcos al 50% y 20% respectivamente. La lira se hundió, registrando una devaluación anual frente al dólar de cerca del 50%.

Tras este acelerón de la crisis, creemos que los principales problemas de Turquía son:

  • Una economía sobrecalentada con un crecimiento del 7,4% el pasado año, pero con una inflación estimada para este año de 14%. Esta cifra podría ser revisada al alza durante el transcurso del año.
  • Un déficit por cuenta corriente estimado en el 6,4% del PIB y un déficit presupuestario del 3% del PIB este año.
  • Un financiamiento a corto plazo equivalente a casi el total del déficit por cuenta corriente.
  • Un 25% del PIB necesita ser refinanciado este año.
  • Una lira que se ha depreciado cerca del 50% frente al dólar y al euro desde principio de año.
  • Un abrupto aumento del rendimiento de los bonos del Estado desde el 11% al 21% (en liras) y del 4% al 8% (en moneda extranjera) desde principios del año.
  • Un marcado aumento del consumo en los últimos años respaldado por préstamos del estado financiados con deuda.
  • Un aumento de la deuda corporativa (excluyendo los bancos) desde el 20% del PIB en 2004, al 70% en 2017, más de la mitad en moneda extranjera.

En el lado positivo, sin embargo, también hay aspectos que destacar:

  • La baja deuda pública del 31% del PIB. Sin embargo, la historia muestra que incluso ese colchón no ofrece protección frente a una crisis.
  • El impacto positivo de una moneda débil en las exportaciones y el turismo.
  • La experiencia del país frente a las crisis no debería ser subestimada. Las últimas décadas han ofrecido al país otomano muchas oportunidades para aprender técnicas para gestionar este tipo de situaciones.
  • Turquía puede usar su pertenencia a la OTAN y su posición geoestratégica en las próximas negociaciones.

Hay remedios para tratar la crisis, pero creemos que el país puede ser reacio a tomar las medicinas en este momento. Concretamente, existen dos medidas muy aconsejables para el gobierno turco:

  • Una subida de los tipos de interés para atajar la inflación y la fuga de capitales y atraer nuevamente el capital extranjero.
  • La negociación de un préstamo con el FMI suficientemente grande para aliviar las preocupaciones a corto plazo de los prestamistas extranjeros.

Sin embargo, la citada aversión de Erdogan a los tipos de interés altos y el dolor que causarían en la economía doméstica sugieren que una fuerte subida no tendrá lugar. El presidente también podría mostrar aversión a la medicina tradicional del FMI, que conllevaría, entre otras cosas, el fin de los regalos fiscales al electorado.

Adicionalmente, Estados Unidos ha señalado que no daría apoyo a una operación de rescate ejecutada por institucionales internacionales. En este sentido, Elke Speidel-Walz, Chief Economist Emerging Markets de DWS, señala: “la crisis financiera turca no ha sido causada por EEUU, como mucho ha sido desencadenada por ese país. El hecho de que Ankara dejase que la inflación se saliese de control y de que se apoyase en préstamos a corto plazo para financiar el déficit por cuenta corriente es esencialmente la razón de esta crisis”.

Por el momento, no queda sino esperar a ver a qué presiones externas cede Erdogan. Aunque es posible que se mantenga fiel a su línea ortodoxa. El apoyo de Rusia o de China podría hacerle continuar con la actual situación durante más tiempo.

Implicaciones en la gestión de activos

Debido al tamaño de la economía turca (850 mil millones en 2017, calculado al tipo de cambio de principios de año), no nos preocupa demasiado el riesgo de contagio. La eurozona exporta menos del 0,6% de su PIB a Turquía. Sin embargo, no nos tomamos a la ligera los acontecimientos que ocurren en ese país. Aunque las cifras macroeconómicas globales continúan siendo robustas, manteniendo la visión positiva de los inversores, la acumulación de una serie de eventos idiosincráticos podría provocar una aversión al riesgo. El reciente aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno italiano hasta el 3% podría interpretarse en este sentido. Las disputas diplomáticas podrían acrecentarse rápidamente – pero también pueden calmarse rápidamente, como demostró la visita de Juncker a Washington.

Esperamos que las fluctuaciones en los mercados empeoren tras haber disminuido durante el verano. Nos mantenemos cautos, pero diferenciamos y vemos algunas oportunidades en los movimientos recientes. Desde una perspectiva táctica, por ejemplo, hemos degradado los bonos corporativos europeos a neutro, pero vemos algunos bonos de mercados emergentes en moneda extranjera más positivos que el mercado. Esperamos que los menores requerimientos de refinanciamiento en la segunda mitad del año sirvan de apoyo.

En relación a las acciones, asumimos que la situación en Turquía a un nivel de acciones individuales se ve reflejada principalmente en aquellos bancos que tienen más actividad en Turquía.

Respecto a las divisas, esperamos mayor presión sobre los mercados emergentes. En nuestra opinión, los movimientos hacia el dólar podrían llevar a un fortalecimiento frente al euro y quizás sobrepasar la barrera de 1,15 que hemos previsto en el corto plazo.

CRC 059940 (08/2018)

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