7/5/2026
EN RESUMEN
El conocido dicho sobre el tiempo en abril puede aplicarse este año también a los mercados y a la política: ha prevalecido una notable imprevisibilidad. En el conflicto con Irán se trazaron múltiples líneas rojas y se emitieron ultimátums que poco después perdieron relevancia. Al menos se alcanzó un alto el fuego, que hasta ahora se ha mantenido razonablemente estable. Sin embargo, de forma paralela, el bloqueo del estrecho de Ormuz se intensificó cuando Estados Unidos decidió impedir el tránsito de buques con vínculos con Irán. Esta circunstancia volvió a ejercer presión sobre el precio del petróleo, que regresó a niveles próximos a sus máximos recientes. Como resultado, las rentabilidades de los bonos repuntaron nuevamente, reduciendo así el margen de maniobra de los bancos centrales para recortar los tipos de interés.
La Reserva Federal de Estados Unidos también pareció apartarse de los esquemas tradicionales. Jerome Powell rompió con la práctica habitual al permanecer como gobernador de la Fed pese a estar próximo a ceder la presidencia a Kevin Warsh, con el objetivo de reforzar la independencia de la institución frente a las fluctuaciones políticas de la actual Administración estadounidense.
Mientras el conflicto con Irán continuaba condicionando a los mercados de deuda pública y de energía, los mercados de renta variable siguieron una dinámica bien conocida: avanzar al alza. En los últimos años, esta ha sido la reacción predominante tras episodios de corrección, lo que ha reforzado entre inversores y operadores la percepción de que “comprar en las caídas” suele resultar rentable. Esta tendencia se sustenta, bien en la expectativa de una intervención de los bancos centrales en caso de tensiones graves, bien en la convicción de que unos mercados bursátiles sólidos son un factor relevante para la política económica estadounidense.
La temporada de resultados fue el principal catalizador del fuerte rally registrado en abril, incluso en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica. Más de un tercio de las compañías europeas y más de la mitad de las principales empresas estadounidenses ya han presentado sus cuentas, generando un notable optimismo entre los analistas, que han revisado significativamente al alza sus previsiones de beneficios para el ejercicio. El consenso estima ahora un crecimiento de los beneficios en 2026 del 15 % interanual en Europa y del 20 % en Estados Unidos, frente al 13 % y 14 %, respectivamente, que se proyectaban a comienzos de año. En Europa, esta mejora se explica casi exclusivamente por el sector energético, mientras que en Estados Unidos el sector tecnológico constituye una fuente adicional de fortaleza.
Dentro del ámbito tecnológico, los planes de inversión en capital crecen incluso con mayor intensidad que los beneficios. A finales del pasado otoño, el consenso asumía que el grueso del ciclo inversor en centros de datos se produciría en 2025, con un crecimiento más moderado en 2026. No obstante, las estimaciones actuales apuntan a un aumento del capex de entre el 50 % y el 100 %. En términos absolutos, se espera que los seis mayores hyperscalers estadounidenses inviertan conjuntamente más de 700.000 millones de dólares este año, contribuyendo de forma significativa al volumen agregado de inversión y al crecimiento económico.
En conjunto, puede afirmarse que durante el mes de abril los “bits y bytes” —la inteligencia artificial— se impusieron a las “moléculas” —el petróleo—, al menos desde la perspectiva de los mercados bursátiles. Sin embargo, en la economía real persisten riesgos relevantes, y es probable que durante los meses de verano vuelvan a aflorar tensiones en el suministro de determinadas materias primas.
Durante el mes de abril se alcanzaron varios hitos históricos, no todos ellos necesariamente favorables para los inversores. La renta variable fue, sin duda, la gran beneficiada. El índice S&P 500 registró una revalorización del 10,5 %, su mejor comportamiento mensual desde noviembre de 2020. Los mercados emergentes mostraron un desempeño aún más sólido: el índice MSCI Emerging Markets avanzó un 14,7 %, respaldado por una moderación de las tensiones geopolíticas y por el fuerte repunte del sector de semiconductores, reflejado en el notable aumento del 38,4 % del índice Philadelphia Semiconductor (SOX).
Para los inversores en renta fija, el mes resultó considerablemente menos favorable. En los últimos días de abril, la rentabilidad del bono soberano japonés a 10 años repuntó hasta niveles no vistos desde 1997, superando el 2,5 %. En el Reino Unido, los rendimientos de los gilts a 10 años superaron el 5 %, alcanzando su nivel más elevado desde 2008, mientras que la rentabilidad del Bund alemán a 10 años ascendió hasta el 3,11 %, un nivel observado por última vez en 2011.
Los inversores en oro tampoco encontraron motivos de satisfacción. Tras un mes de marzo especialmente negativo, en el que el precio del metal precioso cayó un 12 %, el oro continuó mostrando debilidad en abril, con un descenso adicional cercano al 1 %.
No obstante, el principal foco de atención siguió siendo el mercado del petróleo. El 17 de abril, el barril de Brent llegó a negociarse intradía en torno a los 86 dólares; sin embargo, a cierre de mes, el 30 de abril, su precio se situaba en 126 dólares. Aunque anticipamos una corrección de los precios hacia finales del primer trimestre del próximo año, esperamos que estos se mantengan por encima de los niveles previstos anteriormente. En el mercado de futuros, el Brent con vencimiento en marzo de 2027 cotiza actualmente en torno a los 85 dólares por barril, frente a los 76 dólares registrados a comienzos de abril.
A mediados de mayo se definirán las nuevas previsiones estratégicas a 12 meses en el marco de la reunión trimestral de estrategia de inversión de DWS. En esta edición, el análisis se centra en el corto plazo, claramente condicionado por el conflicto con Irán. El caso de Corea del Sur pone de manifiesto hasta qué punto un posicionamiento apresurado tras el estallido de un conflicto puede resultar contraproducente. A comienzos de marzo, el índice bursátil Kospi llegó a perder cerca de una quinta parte de su valor; Corea del Sur depende en gran medida de las importaciones de petróleo procedentes de la región del Golfo. Posteriormente, el índice se movió lateralmente durante marzo, en un contexto de elevada volatilidad, antes de registrar en abril un repunte del 40 % impulsado por la temática de la inteligencia artificial. En entornos de volatilidad extrema como este, el riesgo de adoptar un posicionamiento incorrecto es significativo.
Las cuestiones a las que se enfrentan los inversores son relativamente fáciles de formular, pero complejas de responder. ¿Debe el mercado “mirar más allá” de la incertidumbre de las próximas semanas y asumir una normalización progresiva de la situación en el Golfo? ¿O conviene evaluar con mayor cautela la probabilidad real de una reapertura del estrecho de Ormuz? Los distintos objetivos de las tres partes implicadas en el conflicto apuntan a que la probabilidad de una reapertura a corto plazo podría ser limitada. Irán ha constatado que el bloqueo del estrecho de Ormuz constituye una herramienta de presión altamente eficaz y cuenta con escasos incentivos para confiar en Estados Unidos o Israel tras haber sido atacado en dos ocasiones en plena fase de negociación. Israel, por su parte, mantiene un claro interés estratégico en la destrucción profunda de las capacidades operativas de Irán. Al mismo tiempo, la Administración estadounidense difícilmente puede retirarse sin haber alcanzado algún objetivo táctico o estratégico reconocible, si bien debe tener en cuenta el impacto político interno, especialmente de cara a las elecciones de mitad de mandato y al efecto potencial de un repunte de la inflación derivado de un conflicto prolongado sobre las opciones del Partido Republicano.
El escenario de una congelación no oficial del conflicto está ganando relevancia; sin embargo, con el estrecho de Ormuz cerrado, resulta difícil considerar esta situación como un equilibrio. Ello es así incluso teniendo en cuenta que, según los modelos recientemente publicados por el Banco Mundial, las estrategias de desvío podrían reducir el déficit de suministro a través de Ormuz desde unos 20 millones de barriles diarios hasta aproximadamente 5 millones. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima un déficit de oferta de 3,7 millones de barriles diarios en el segundo trimestre, lo que constituiría el mayor desequilibrio de suministro jamás registrado. No obstante, la AIE señala que esta situación podría revertirse hacia un superávit ya en el tercer trimestre si el estrecho reabriera. En el contexto actual, sin embargo, el cierre representa un shock de oferta de gran magnitud. En estos momentos, tanto Irán como Estados Unidos mantienen bloqueado el estrecho de Ormuz. Mientras que a comienzos de año el barril de Brent cotizaba en torno a los 60 dólares, el 30 de abril los precios intradía superaron los 125 dólares.
En el conjunto de las clases de activo, los mercados se encuentran inmersos en un delicado ejercicio de equilibrio entre dos escenarios contrapuestos: una reapertura rápida frente a un cierre prolongado. Los mercados de renta variable han mostrado un posicionamiento claramente optimista, apoyados en unos beneficios empresariales sorprendentemente sólidos y en la convicción de que los resultados de las compañías estadounidenses se verán poco afectados por el conflicto. Por el contrario, los mercados de materias primas y de renta fija mantienen una actitud más prudente. Consideramos que la renta variable cuenta con un respaldo significativo gracias a las perspectivas económicas a medio plazo y al crecimiento de los beneficios, aunque las valoraciones podrían verse presionadas si las tasas de inflación y las rentabilidades de los bonos no logran estabilizarse.
La renta fija se ha visto mucho más afectada que la renta variable por la guerra en Irán. El fuerte aumento de los precios del petróleo constituye una preocupación relevante para los bancos centrales. Consideramos que la Reserva Federal retrasará los recortes de tipos de interés: seguimos esperando dos bajadas, pero es posible que ya no se produzcan en 2026.
Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha comunicado recientemente que se inclina ahora más hacia subidas de tipos que hacia recortes, con el objetivo de mantener ancladas las expectativas de inflación. Cualquiera de las próximas reuniones del BCE podría dar lugar a una subida de tipos. No obstante, seguimos esperando, en términos generales, un descenso de las rentabilidades de los bonos en un horizonte de 12 meses.
En el caso de los bonos corporativos, mantenemos un enfoque selectivo y una postura neutral, dado que los diferenciales vuelven a situarse en niveles muy ajustados.
Bonos de gobierno
Divididos entre las expectativas de un alto el fuego permanente y la posibilidad de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado, los mercados de tipos están registrando una elevada volatilidad. En Estados Unidos, la política monetaria sigue siendo restrictiva y el reciente repunte de las rentabilidades ha endurecido las condiciones financieras. Hemos pasado a una posición Neutral en los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años, con un sesgo a volver a una visión positiva, mientras que hemos mantenido una posición positiva en los vencimientos a 2 años en todo momento.
En el caso de los Bunds alemanes, preferimos los vencimientos más largos, a 10 y 30 años, que hemos mejorado recientemente. Al mismo tiempo, hemos reducido nuestra visión sobre los vencimientos a 2 años de positiva a neutral, dada la inclinación del BCE a subir los tipos de interés. También hemos rebajado nuestra posición en los bonos japoneses a 10 años a Neutral. Aunque el Banco de Japón (BoJ) decidió mantener sin cambios su política en la reunión de abril, la sorpresa vino dada por el hecho de que tres miembros votaran a favor de una subida de tipos, enviando un mensaje claramente restrictivo al mercado. En su escenario central, el BoJ revisó a la baja sus perspectivas de crecimiento debido a las limitaciones de suministro en Oriente Medio y elevó sus expectativas de inflación. El ciclo de subidas debería reanudarse una vez que los datos ofrezcan mayor claridad.
Bonos corporativos
Mantenemos prácticamente sin cambios nuestra visión sobre los bonos corporativos, en Neutral. Tras las primeras conversaciones de alto el fuego a comienzos de abril, los diferenciales se estrecharon de nuevo hasta niveles cercanos a mínimos históricos tanto en Estados Unidos como en Europa. Asimismo, la actividad de nuevas emisiones se ha reactivado tras un breve periodo de incertidumbre, con una demanda sólida que proporciona un contexto favorable. No obstante, las valoraciones son exigentes, por lo que mantenemos una postura Neutral.
Mercados emergentes
En los mercados emergentes, los diferenciales soberanos se han estrechado rápidamente, replicando en gran medida el comportamiento del crédito de mercados desarrollados, apoyados por factores técnicos sólidos y una resiliencia selectiva. Sin embargo, las valoraciones ajustadas limitan ya el potencial adicional, lo que justifica una actitud prudente y una posición Neutral. El crédito asiático se ve respaldado por factores técnicos favorables y por compras en correcciones centradas en el grado de inversión; los diferenciales se han mantenido dentro de un rango acotado, con una resiliencia selectiva. Dado que el optimismo a corto plazo parece en gran medida ya descontado y persisten riesgos a la baja derivados de un conflicto prolongado, consideramos apropiado mantener una postura Neutral.
Divisas
Seguimos siendo Positivos con el euro frente al dólar estadounidense. La moneda europea se ha apreciado a medida que el deterioro del sentimiento y la disminución de la demanda del dólar como activo refugio han compensado los riesgos geopolíticos. El encarecimiento de la energía está actuando cada vez más como un lastre para los flujos de capital hacia el dólar, en lugar de ser un factor de apoyo.
La temporada de resultados del primer trimestre está evolucionando de forma muy positiva a ambos lados del Atlántico; no obstante, hemos introducido cambios en nuestras preferencias geográficas. Europa se ve más afectada por las preocupaciones en torno al suministro derivadas de la guerra en Irán, mientras que el mercado estadounidense está beneficiándose de forma extraordinaria del auge de la inversión en capital (capex) vinculada a la inteligencia artificial. Por este motivo, hemos rebajado nuestra visión sobre Europa a neutral y, al mismo tiempo, hemos mejorado la de Estados Unidos hasta neutral.
Además de unas perspectivas de beneficios más favorables, la renta variable estadounidense cuenta también con el viento de cola adicional de posibles recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, aun cuando estos podrían no materializarse hasta 2027. En la zona euro, por el contrario, las subidas de tipos son ahora más probables. En ausencia de una nueva escalada militar en el Golfo, consideramos que la renta variable podría seguir beneficiándose del sólido contexto de resultados empresariales. Sin embargo, las restricciones de suministro derivadas de la guerra en Irán podrían empezar a reflejarse de forma más visible en las cifras de ventas y beneficios de las compañías durante el segundo y tercer trimestre. Asimismo, las valoraciones vuelven a ser exigentes, no solo en los sectores de tecnología de la información y comunicaciones, sino también en muchas compañías industriales y de materiales, estrechamente ligadas al capex en inteligencia artificial.
A nivel sectorial, prestamos especial atención a las compañías con exposición a segmentos de la inteligencia artificial en los que persisten cuellos de botella. Hemos reducido nuestra visión sobre el sector energético de positiva a neutral, tras el fuerte comportamiento del sector pétrolero posterior al cierre del estrecho de Ormuz. En el caso de las compañías de energía fósil, consideramos que tanto los riesgos al alza como a la baja asociados a un cierre prolongado o a una reapertura gradual del estrecho están ya razonablemente descontados en precios. Por el contrario, los proveedores de energías renovables podrían seguir beneficiándose del cambio estructural en la demanda.
Oro
Seguimos manteniendo una visión estratégica positiva sobre el oro. Diversos factores estructurales, como las compras por parte de los bancos centrales y las preocupaciones en torno al dólar estadounidense, deberían seguir respaldándolo. Desde un punto de vista táctico, no obstante, el buen comportamiento de la renta variable y el aumento de las rentabilidades podrían limitar un mayor potencial de apreciación.
Petróleo
A corto plazo, esperamos que los precios de la energía permanezcan elevados, dado que más del 10 % de la producción mundial de petróleo continúa fuera del mercado. La capacidad de refino también se ha reducido. Los daños adicionales en la capacidad de refino en Rusia están restringiendo las exportaciones y agravando las tensiones de suministro en los países dependientes de la importación de productos petrolíferos.
La OPEP+ ha acordado incrementar su cuota de producción en 188.000 barriles diarios a partir de junio, y Emiratos Árabes Unidos ha anunciado su salida de la OPEP, lo que debería contribuir a mejorar la oferta de crudo una vez finalice el conflicto. Esperamos que los precios del petróleo se mantengan elevados durante algún tiempo y que, posteriormente, el aumento de la oferta tras el fin del conflicto con Irán propicie una rápida reposición de las reservas mundiales de crudo.