9/3/2026
IN A NUTSHELL
Febrero puede describirse como un mes heterogéneo. Los datos macroeconómicos reflejaron, por un lado, una mejora del sentimiento del consumidor impulsada por el efecto riqueza y, por otro, indicios de debilitamiento en el mercado laboral. Paralelamente, la dinámica en torno a la inteligencia artificial sometió a un escrutinio minucioso a numerosos valores, penalizando de forma severa aquellos sectores percibidos como más vulnerables a la disrupción y favoreciendo aquellos considerados más resilientes.
El mes registró una de las rotaciones sectoriales más significativas en renta variable desde la crisis financiera global de 2007/08, fenómeno para el que profesionales del mercado acuñaron rápidamente el acrónimo “HALO” (heavy assets, low obsolescence). De este modo, los fabricantes de maquinaria pasaron a ser más atractivos que las compañías de software con modelos de negocio asset‑light, con el índice S&P 500 Software cayendo cerca de un 20%, lo que supone el peor inicio de dos meses en su historia. En contraste, el sector energético avanzó casi un 25% gracias al repunte del petróleo, mientras que materiales registró un aumento del 17%.
Otro acontecimiento relevante fue la sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. sobre los aranceles, que declaró inconstitucional el uso de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) para imponer aranceles generalizados, revirtiendo aproximadamente la mitad de los introducidos el año anterior por el presidente Trump. Como respuesta, la Administración anunció la imposición de un arancel global del 10%. Asimismo, destacó el hecho de que, por primera vez desde la Gran Depresión, más personas abandonaron EE. UU. de las que entraron, tendencia coherente con las promesas electorales del Gobierno, aunque con implicaciones relevantes para variables macroeconómicas como el crecimiento, el empleo y la productividad.
La Reserva Federal continuó siendo un foco central de atención. La magnitud y el calendario de posibles recortes de tipos fueron objeto de intenso debate, junto con cuestiones relacionadas con su independencia institucional y un inminente cambio en su liderazgo. Prevemos que estos asuntos continúen ocupando un papel destacado en los próximos meses. En este entorno, los mercados de renta fija reaccionaron con cautela, y el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años descendió más de 30 puntos básicos, situándose por debajo del 4%, su nivel más bajo desde octubre de 2024—señal de que los inversores están dispuestos a pagar por activos considerados refugio.
En Europa se observó un entorno relativamente estable, ya que la política monetaria del Banco Central Europeo parece adecuadamente calibrada. Los mercados europeos de renta fija y renta variable mostraron una resiliencia sólida, con ligeros descensos en los rendimientos del Bund a lo largo de la curva y avances modestos en los principales índices bursátiles.
En Asia, Japón fue el claro protagonista. Las elecciones anticipadas convocadas por la nueva primera ministra, Takaichi, arrojaron el resultado previsto, y el Banco de Japón prosiguió su proceso de normalización monetaria, apoyado por una inflación que descendió por debajo del 2% por primera vez desde marzo de 2022. Aunque los rendimientos de los bonos japoneses aumentaron, ello no bastó para frenar el vigor de la renta variable japonesa, con el Nikkei 225 superando por primera vez los 59.000 puntos.
El ejercicio volverá a ser un delicado acto de equilibrio para los bancos centrales, especialmente en Estados Unidos. En un contexto en el que los dos mandatos principales de la Reserva Federal —pleno empleo y estabilidad de precios— muestran tensiones evidentes, definir una orientación de política monetaria eficaz resulta particularmente complejo. A ello se añaden los debates en curso sobre la independencia institucional y un previsible relevo en la cúpula de la Fed, lo que hace poco probable un año estable, por más deseable que ello pudiera parecer.
La inflación en EE. UU. se mantiene por encima del objetivo, mientras que en otras regiones solo recientemente ha mostrado señales de moderación, situando el equilibrio de riesgos en un punto muy estrecho. Con indicios de debilitamiento en el mercado laboral, los bancos centrales deberán calibrar con precisión quirúrgica sus decisiones para gestionar tanto riesgos al alza como a la baja.
En la mayoría de regiones, los Bancos centrales parecen inclinados a mantener los tipos o aplicar recortes graduales. La excepción es Japón, donde, tras décadas de tipos extremadamente bajos, el banco central parece haber puesto fin a la deflación estructural. Si esta tendencia se confirma, confiamos en que una generación de responsables de política monetaria formada para combatir un problema sea capaz de adaptarse a un desafío de naturaleza distinta.
Bonos de gobierno
Prevemos que el Treasury estadounidense a 10 años cierre marzo del próximo año en torno al 4%, mientras que para los vencimientos a 2 y 30 años proyectamos 3,35% y 4,75%, respectivamente. Estimamos que la Reserva Federal aplicará dos recortes adicionales en los próximos doce meses, motivados por un incremento moderado de la tasa de desempleo (del 4,4% al 4,5%) y por una inflación en descenso.
El análisis del mercado laboral revela que la creación de empleo ha sido heterogénea entre sectores, lo que lleva a pensar que los riesgos de nuestra previsión se inclinan ligeramente a la baja. No descartamos que la Fed pueda verse obligada a recortar antes, o con mayor intensidad, en caso de un debilitamiento más acusado del mercado laboral.
En Europa, anticipamos un año de estabilidad macroeconómica y de política monetaria. Mantenemos sin cambios nuestras previsiones para los Bunds alemanes en 2%, 2,7% y 3,4% para los vencimientos a 2, 10 y 30 años, respectivamente. Identificamos tres riesgos principales para estas previsiones: 1) Un cambio sustancial en la situación en Ucrania, 2) una interrupción prolongada del suministro energético a través del Estrecho de Ormuz y 3) una apreciación brusca del euro. En cualquier caso, consideramos que estos riesgos, aun relevantes, son relativamente poco probables dentro de nuestro escenario central.


Creemos que existen tres tendencias muy relevantes y de gran impacto en los mercados globales de renta variable: dinamismo, diversificación y disrupción. La primera se refiere al entorno económico, donde los principales factores macro deberían seguir siendo favorables para la renta variable global en los próximos 12 meses. Prevemos que la Reserva Federal reduzca los tipos de interés, que los rendimientos a largo plazo se mantengan estables y que varias economías desarrolladas se expandan cerca de su potencial sin señales de recesión. Aunque reconocemos que el panorama no está exento de riesgos, consideramos que se trata de un contexto constructivo para la renta variable, en el que esperamos crecimientos de beneficios de doble dígito en EE. UU., Japón y mercados emergentes, y de dígito alto en Europa. En consecuencia, mantenemos una visión positiva y estimamos una rentabilidad total cercana al 10 % para la renta variable global en el próximo año.
El segundo punto, la diversificación, será fundamental. Si algo demostró el año pasado, es que el mercado estadounidense ha dejado de ser la única referencia relevante. De hecho, varios mercados internacionales —tanto desarrollados como emergentes— superaron con claridad a EE. UU., y creemos que esta tendencia continuará. Aunque el diferencial de valoración entre EE. UU. y el resto del mundo se ha reducido, seguimos considerando adecuado mantener una exposición global diversificada; de hecho, actualmente mostramos preferencia por Europa y Japón frente a EE. UU.
Por último, la disrupción relacionada con la inteligencia artificial se ha convertido en un tema dominante en los mercados globales. Innovaciones recientes —como modelos de IA cada vez más avanzados, nuevas capacidades de programación asistida o la posible orquestación autónoma mediante agentes— han puesto en cuestión la viabilidad de modelos de negocio establecidos y aumentado la incertidumbre sobre los futuros ganadores. El número de compañías percibidas como “perdedoras” en este contexto va en aumento, y el sector de software empresarial ha sido especialmente castigado. A finales de enero rebajamos nuestra recomendación para este sector a neutral, al considerar que la llegada de competidores nativos de IA y la transición desde modelos de ingresos recurrentes (Software-as-a-Service) hacia fuentes más cíclicas exige una reevaluación. No obstante, seguimos monitorizando oportunidades potenciales en compañías que consideramos excesivamente penalizadas. A nuestro juicio, la disrupción también puede generar oportunidades.

Real Estate
El panorama para el listed commercial real estate se mantiene estable en nuestra opinión, ya que la volatilidad de los tipos de interés se ha visto compensada por el estrechamiento de los diferenciales de crédito. Esto parece haber reactivado el mercado de transacciones y la formación de precios. Los fundamentales del sector muestran una mejora gradual, y una menor oferta podría favorecer un entorno más positivo de cara a 2026. Seguimos mostrando preferencia por Europa frente a Asia y EE. UU., y dentro del sector destacamos Industrial, Hoteles, Centros de Datos, Specialty y Retail.
En el segmento unlisted, la escasez estructural de oferta y los elevados costes de construcción continúan respaldando el crecimiento de los alquileres, especialmente en activos modernos. Asimismo, la confianza de los inversores y la actividad de transacciones están mejorando, con volúmenes globales al alza en términos interanuales. EE. UU. mantiene su resiliencia, con sólidos fundamentales en residencial e industrial; el retail muestra una recuperación, mientras que el desempeño del sector oficinas sigue siendo heterogéneo. En conjunto, consideramos que la oferta aún limitada y las mejores condiciones de financiación respaldan una visión constructiva para el próximo año.
Infraestructura
A pesar del complejo contexto macro—marcado por tipos elevados, incertidumbre arancelaria y plazos más largos en las transacciones—, el sector de infraestructuras ha mostrado un comportamiento sólido. Esta resiliencia refleja sus características intrínsecas en cartera: protección relativa frente a la inflación gracias a su capacidad de trasladar precios y la estabilidad, en muchos casos, de sus flujos de ingresos no correlacionados.
Nuestras previsiones de tipos más bajos, un marco de política económica más estable, mayores niveles de inversión en Europa y un capex en IA que continúa al alza en EE. UU. sustentan nuestra visión optimista. Somos especialmente positivos en activos cíclicos —como transporte y gestión de residuos— y seguimos confiando en la temática de electrificación y aumento de la demanda energética. Esperamos que las compañías de estos segmentos generen un crecimiento de beneficios y de flujo de caja superior a la media.
Oro
Mantenemos una visión constructiva sobre el oro y, a pesar de su notable comportamiento en los últimos años, creemos que aún tiene recorrido, pudiendo situarse en torno a 5.400 USD por onza dentro de un año. Nuestra tesis se apoya en tres factores que continúan vigentes:
Petróleo
Nuestra previsión para el Brent es de 65 USD por barril dentro de un año, basada como siempre en las tres variables clave del mercado energético: oferta, demanda y geopolítica.
Antes del conflicto en Irán, estimábamos que oferta y demanda se equilibrarían de forma gradual, justificando un movimiento moderado de precios. Anticipábamos una oferta robusta al inicio del año —especialmente desde Brasil y Noruega— generando un superávit cercano a dos millones de barriles diarios en el primer trimestre, que se reduciría a unos 500.000 barriles en el resto del ejercicio. En contraste, la demanda se proyectaba estable durante todo el año.
Sin embargo, la rápida escalada del conflicto en Irán y el bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz han alterado estas dinámicas, afectando la oferta a corto plazo. Aun así, dada la existencia de desequilibrios estructurales y los amplios inventarios estratégicos acumulados por algunos países —notablemente China—, el impacto sobre los precios podría no ser duradero. La situación sigue siendo cambiante y estamos preparados para ajustar nuestras previsiones si fuera necesario.
Gráfico 4. Dos activos que se perfilan como claros beneficiarios de las tensiones geopolíticas y de las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda: el oro y el petróleo

Fuentes: Bloomberg Finance L.P., DWS Investment GmbH as of 02/03/26