6/4/2026
IN A NUTSHELL
¿Recuerdan Venezuela? Ese fue el foco en enero. ¿Recuerdan Groenlandia? El tema dominante en febrero. En estos momentos, Irán concentra la atención. Todo apunta a que el conflicto no se ha limitado únicamente al mes de marzo, pese a que esta era la expectativa inicial de los estrategas militares estadounidenses y de algunos inversores más optimistas. A estas alturas, resulta evidente que la cuestión iraní seguirá condicionando el comportamiento de los mercados también durante abril.
En marzo, los mercados reaccionaron con alarma ante la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel. La emisión de mensajes contradictorios en relación con los objetivos bélicos intensificó el temor y elevó aún más la incertidumbre. La expectativa del mercado descansaba en la rápida materialización del denominado “TACO trade”, es decir, la posibilidad de que el presidente de EE. UU. diera marcha atrás ante la presión de los mercados financieros. Sin embargo, al cierre de marzo dicho cambio de rumbo no se había producido, si bien el mandatario continuó emitiendo señales ambiguas que apuntaban a una posible rectificación. La incógnita persiste: ¿es realmente capaz de hacerlo?
Tal y como se ha señalado anteriormente, el conflicto no ha evolucionado conforme a lo previsto. Teherán ha demostrado que el cierre del Estrecho de Ormuz le otorga una herramienta de presión significativa sobre Washington, al desencadenar un fuerte repunte en los precios del crudo. Basta con ataques esporádicos diarios contra embarcaciones, mediante drones u otros sistemas de armamento, para hacer inoperativo el Estrecho, ya que este tipo de incidentes impide a los buques obtener cobertura aseguradora para su tránsito. A ello se suma la profunda desconfianza iraní hacia las negociaciones con Washington, tras haber sido objeto de ataques por parte de EE. UU. en pleno proceso de diálogo, tanto en junio de 2025 como en febrero de 2026. Ante la ambigüedad de las señales enviadas por la Administración estadounidense, el desenlace de la crisis sigue siendo altamente incierto.
No obstante, la reacción marcadamente positiva de los mercados en la última sesión de marzo, tras unas breves declaraciones de Trump, pone de manifiesto la elevada sensibilidad de los inversores ante cualquier noticia favorable. Gracias a esta última jornada bursátil, varias clases de activos lograron recuperar parte de las abultadas pérdidas acumuladas a lo largo del mes.
Esta falta de claridad se reflejó claramente en la elevada volatilidad de los mercados durante marzo. El precio del crudo Brent repuntó con rapidez hasta alcanzar máximos intradía cercanos a los 120 USD por barril, para posteriormente iniciar una trayectoria errática. Los mercados de renta variable registraron un ajuste progresivo a la baja, con algunos índices entrando en territorio de corrección al cierre del mes, acumulando caídas superiores al 10 % desde máximos. El aumento del nerviosismo se hizo patente en el índice VIX, que escaló desde niveles cercanos a 15 puntos a mediados de diciembre de 2025 hasta superar los 30 puntos en marzo. Paralelamente, el oro no cumplió su función tradicional como activo refugio, registrando una corrección superior al 10 %.
Los activos de renta fija tampoco quedaron al margen de las tensiones. Las rentabilidades repuntaron en consonancia con el resurgimiento de las preocupaciones inflacionarias, llevando al rendimiento del bono alemán a 10 años a superar el umbral del 3 % por primera vez desde 2011. No obstante, hacia finales de mes, cuando los temores sobre el crecimiento económico adquirieron mayor protagonismo que la inflación, las rentabilidades moderaron parcialmente su ascenso. La evolución del dólar también resultó atípica: ante un choque geopolítico de esta magnitud, cabría haber esperado un fortalecimiento más acusado del billete verde, que finalmente se apreció tan solo un 2 % frente a su cesta de divisas de referencia.
No resulta sorprendente que, dentro del universo de renta variable, el sector Energía haya sido el único en cerrar el mes en terreno positivo. Más llamativo resulta el renovado comportamiento inferior de la denominada “aristocracia tecnológica” estadounidense —los Magnificent 7— frente al S&P 500. En ello confluyeron diversos factores: la incertidumbre en torno a las disrupciones asociadas a la inteligencia artificial, el impacto del aumento de los tipos de interés sobre las valoraciones del sector y el propio conflicto geopolítico. Además, las interrupciones en las cadenas de suministro comienzan a perfilarse como un nuevo lastre potencial para el sector tecnológico.
La región del Golfo ha dejado de ser únicamente un exportador de petróleo. Más allá del gas natural licuado (GNL), los fertilizantes y diversos productos petroquímicos intermedios, el helio ha adquirido recientemente un mayor protagonismo, sumándose a la lista de bienes en los que la región concentra una cuota relevante del comercio mundial (en torno al 30 %). El helio es un componente crítico, entre otras aplicaciones, para la fabricación de semiconductores. Si bien los principales fabricantes asiáticos afirman contar con inventarios suficientes para varios meses, no puede descartarse que, a partir de abril, los fabricantes de segundo y tercer nivel se vean obligados a recortar producción en caso de que el suministro de helio se vea afectado.
El sector turístico y de transportes también presenta una elevada vulnerabilidad. Desde comienzos de año, el precio del queroseno de aviación se ha más que duplicado, lo que ya ha obligado a varias aerolíneas a reducir su oferta de vuelos.
El principal catalizador para los mercados en marzo —y previsiblemente también en abril— puede resumirse en una sola cuestión: cuánto tiempo permanecerá cerrado el Estrecho de Ormuz. Incluso una reapertura inmediata no bastaría para revertir los daños ya infligidos a las cadenas de suministro, que previsiblemente se harán más evidentes en las próximas semanas y meses. No obstante, es innegable que aliviaría de forma significativa la presión sobre los mercados.
Dado que existe, al menos teóricamente, la posibilidad de una reapertura del Estrecho en abril, algunos inversores podrían optar por posicionarse de forma que les permita participar en un eventual rally de alivio. Al mismo tiempo, no parece existir una salida sencilla al conflicto, ya que los objetivos de las tres partes implicadas difieren sustancialmente. El uso que hace Irán del Estrecho de Ormuz como mecanismo de estrangulamiento de la economía global le proporciona un elevado grado de apalancamiento. Además, tras haber sido atacado en dos ocasiones en pleno proceso de negociación, su disposición a confiar en Estados Unidos e Israel parece claramente limitada. Israel, por su parte, parece centrado en infligir el máximo daño posible a la capacidad de Irán para operar como Estado.
Aunque Estados Unidos sigue siendo la potencia militar dominante, lo que inicialmente se planteó como una operación relativamente sencilla y de corta duración —en torno a cuatro semanas— ha evolucionado de manera muy distinta. En lugar de ello, EE. UU. se encuentra ahora atrapado en las complejidades y desafíos propios de un conflicto asimétrico, muy lejos de sus expectativas iniciales. En este contexto, la Administración estadounidense está enviando señales marcadamente contradictorias: desde referencias a “conversaciones constructivas orientadas al control y la gestión mutua del Estrecho”, hasta amenazas de atacar infraestructuras civiles en Irán, lo que podría constituir un crimen de guerra.
Para los mercados y los bancos centrales surge una cuestión fundamental a raíz del conflicto con Irán: ¿es la inflación o la desaceleración del crecimiento la mayor amenaza? ¿O existe el riesgo de que ambos factores se materialicen simultáneamente? Seguimos considerando que los bancos centrales tenderán a hacer la vista gorda ante el repunte puntual de la inflación provocado por el aumento de los precios de la energía. Esta visión se apoya en las claras diferencias con 2022, cuando la inflación estuvo impulsada no solo por una restricción de la oferta derivada de la guerra en Ucrania, sino también por un fuerte repunte de la demanda en el periodo post-Covid. En este contexto, en el segmento de bonos corporativos creemos que los diferenciales de crédito actuales presentan un mayor potencial de ampliación que de estrechamiento.
Bonos de gobierno
En marzo llevamos a cabo varios ajustes tácticos. En Estados Unidos, elevamos nuestra recomendación sobre los Bonos del Tesoro a 2 años de +1 a +2, y pasamos de Neutral a +1 en los Bonos del Tesoro a 10 años. Consideramos que el mercado acierta al preocuparse por un posible choque inflacionario, pero está infravalorando los efectos adversos sobre el crecimiento y el consumo derivados del repunte de los precios del petróleo. Además, el mercado laboral estadounidense no ha mostrado una fortaleza clara en los últimos meses.
De forma similar, elevamos los Bunds alemanes y los Gilts británicos a 10 años de Neutral a +1. Se trata, no obstante, de posiciones que monitorizamos estrechamente a diario. Cualquier señal de un repunte persistente en las expectativas de inflación podría poner en cuestión estas recomendaciones.
Asimismo, mejoramos nuestra visión sobre los bonos del gobierno japonés (JGB), elevándolos de Neutral a +1. Aunque el Banco de Japón ha iniciado una senda de endurecimiento monetario, creemos que en un entorno de mayor turbulencia es probable que vuelva a adoptar una postura más prudente. Tras el rápido aumento de las rentabilidades de los JGB a 10 años registrado en marzo, esperamos una fase de consolidación.
Bonos corporativos
Consideramos que el aumento de los riesgos geopolíticos no se ha reflejado plenamente en los diferenciales del crédito corporativo, especialmente en el segmento de grado de inversión (IG), donde los spreads se sitúan cerca de mínimos históricos. Mantenemos una visión Neutral tanto en IG como en high yield (HY), en Estados Unidos y Europa, tras haber reducido recientemente nuestra exposición al IG de la eurozona.
Cuando a principios de año elevamos nuestra recomendación sobre el crédito IG en euros a +1, nuestro escenario base contemplaba un crecimiento económico sólido, una inflación contenida, una política monetaria favorable y un bajo riesgo de recesión. A ello se sumaba un trasfondo técnico especialmente positivo, lo que apoyaba nuestra expectativa de que los diferenciales de crédito pudieran marcar nuevos mínimos en la era posterior a la crisis financiera global. Sin embargo, el ataque de Estados Unidos a Irán ha cuestionado de forma significativa estas premisas.
Mercados emergentes
Como consecuencia del aumento de la incertidumbre y de nuestra expectativa de un mayor sentimiento de aversión al riesgo, rebajamos la deuda soberana de mercados emergentes a Neutral a comienzos de marzo.
Divisas
Tras la reacción inicial típica de los mercados de divisas ante un conflicto bélico —con un fortalecimiento del dólar estadounidense en un entorno generalizado de búsqueda de refugio— hemos adoptado una visión más constructiva sobre el euro. En nuestra opinión, comienza a ser evidente un cierto grado de “fatiga del dólar” en los mercados. A pesar de la prolongación del conflicto y del aumento del riesgo de nuevas escaladas, el dólar ha dejado de beneficiarse de este entorno. Por ello, elevamos nuestra recomendación sobre el euro a +1 frente al dólar.
Dado que varios de los principales índices bursátiles han entrado en fase de corrección, los inversores analizarán con especial atención la próxima temporada de resultados en busca de posibles impactos adversos derivados del conflicto bélico. Los resultados del 1T26, que esperamos que sean razonablemente sólidos, podrían aportar cierto grado de confianza, especialmente teniendo en cuenta que, hasta ahora, los analistas se han mostrado reticentes a realizar recortes significativos en sus estimaciones de beneficios por acción (EPS) para 2026. No obstante, cada día adicional en el que el Estrecho de Ormuz permanece cerrado incrementa el riesgo de disrupciones en las cadenas de suministro.
El sentimiento de mercado podría cambiar con rapidez en uno u otro sentido. Por ello, seguimos apostando por una amplia diversificación, tanto a nivel regional como sectorial. Mantenemos una visión positiva sobre el sector de Cuidado de la Salud por sus características defensivas, y elevamos el sector de Energía a comienzos de marzo. El mercado se había mostrado reacio a descontar plenamente el potencial alcista de los beneficios del sector energético, lo que apuntaba a margen de revalorización en un entorno de precios elevados del petróleo y del gas natural, tal y como finalmente ha ocurrido. Este contexto debería permitir al sector seguir batiendo al mercado, especialmente teniendo en cuenta que muchas compañías presentan bajos niveles de apalancamiento y un claro foco en la retribución al accionista, mediante dividendos y programas de recompra.
También identificamos potenciales beneficiarios en un escenario post-conflicto, como las energías alternativas y la energía nuclear, las empresas de construcción e ingeniería, así como la próxima generación de compañías del sector defensa, con especial atención a Asia y Europa. Asimismo, sectores castigados como el inmobiliario (Real Estate) en Estados Unidos y Reino Unido podrían verse favorecidos en caso de una desescalada del conflicto.
En cuanto al S&P 500, mantenemos una visión neutral o equilibrada a corto plazo. Si el índice se aproximara a los 6.300 puntos sin un deterioro adicional de los fundamentales, podríamos plantearnos cambiar nuestra señal táctica a una postura más alcista. No obstante, nos preocupa el repunte de las rentabilidades del bono del Tesoro estadounidense a 10 años en un momento en el que el mercado se acerca a niveles de corrección. Por ahora, mantenemos una señal neutral, aunque consideraríamos ajustar nuestra postura en los sectores de Tecnología y Financieros en EE. UU. si el S&P 500 se aproximara a los 6.000 puntos. Seguimos mostrando cautela ante el potencial bajista adicional de las compañías de pequeña capitalización (small caps), especialmente sensibles a un entorno de tipos de interés elevados.
Oro
El oro no ha funcionado realmente como activo refugio durante el mes de marzo. Es posible que algunos bancos centrales de mercados emergentes se hayan visto obligados a vender parte de sus reservas de oro para defender sus divisas. Por otro lado, seguimos considerando que el impulso estructural de muchos bancos centrales por reducir su dependencia del dólar y aumentar el peso del oro en sus reservas continuará a largo plazo.
En este contexto, interpretamos la reciente corrección como una oportunidad de entrada atractiva a medio plazo y mantenemos nuestra preferencia por el oro frente a la plata.
Crudo
Esperamos que el precio del petróleo se mantenga en niveles elevados mientras el conflicto con Irán siga activo. Un bloqueo prolongado del Estrecho de Ormuz podría llevar a los productores del Golfo a agotar su capacidad de almacenamiento de reserva mientras esperan su reapertura, lo que agravaría aún más un entorno de oferta ya tensionado como consecuencia del conflicto.
No obstante, nuestra visión de oferta y demanda a medio plazo es relativamente bajista. En caso de alcanzarse una solución negociada y de que los países del Golfo reanuden el suministro previsto, podría producirse una rápida corrección del precio del petróleo hacia los niveles anteriores al conflicto. Estados Unidos ha expresado además su firme interés en participar en la comercialización del crudo iraní una vez finalicen las hostilidades. En ese escenario, prevemos que la prima de riesgo geopolítico se descuente con rapidez, situando nuevamente el Brent en torno a los 60 USD por barril.
Por el momento, sin embargo, observamos escasos indicios de que el conflicto esté próximo a una resolución.