EE. UU. e Is­rael ata­can a Irán

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2/3/2026

El impacto en el mercado probablemente dependerá de la magnitud de la interrupción del suministro de petróleo.
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  • Los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel sobre Irán elevan el riesgo geopolítico. Esperamos que los mercados reaccionen principalmente a través de la dinámica de los precios del petróleo.
  • En nuestra opinión, los precios del petróleo (y de otras materias primas) probablemente experimenten un repunte significativo. Una posterior normalización dependerá del grado de interrupción del suministro iraní y de los flujos a través del Estrecho de Ormuz.
  • Prevemos que los activos percibidos como refugio se vean favorecidos, mientras que los activos de riesgo afronten presiones a corto plazo a medida que aumentan las primas de riesgo.

El sábado 28 de febrero, Israel y Estados Unidos lanzaron un ataque contra Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que se trataba de una “operación masiva y en curso”, mientras que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, señaló que el objetivo era “eliminar la amenaza existencial que representa el régimen terrorista” e indicó que la operación continuaría “todo el tiempo que sea necesario”. Irán ha comenzado a responder lanzando misiles contra Israel y atacando bases militares estadounidenses en la región. 

Esto se produce después de que una segunda ronda de negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán concluyera sin acuerdo el 17 de febrero, y de que EE. UU. incrementara rápidamente su presencia militar en la zona con un despliegue aparentemente diseñado para una posible operación de varios días. Otra ronda de conversaciones técnicas estaba prevista en Ginebra durante la semana del 2 de marzo; sin embargo, Trump declaró el viernes 27 de febrero que no estaba satisfecho con el progreso de las negociaciones. Según The Washington Post, tanto Arabia Saudí como Israel llevaban semanas presionando a Trump, argumentando que “Irán saldría fortalecido y sería más peligroso si EE. UU. no actuaba ahora, después de haber acumulado la mayor presencia militar en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003”. 

Durante el ataque conjunto, el Líder Supremo iraní, el Ayatolá Alí Jamenei, junto con otros altos cargos del régimen islamista, falleció el sábado. No obstante, diversas fuentes apuntan a que la presencia militar estadounidense actual “carece del tamaño y las capacidades necesarias para operaciones de combate de gran envergadura o un cambio de régimen”, algo que requeriría tropas terrestres. Según el Center for Strategic & International Studies, con los recursos disponibles, la operación podría prolongarse aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al afirmar que los bombardeos “continuarán, sin interrupción, durante toda la semana o durante el tiempo necesario para lograr nuestro objetivo de paz en Oriente Medio y, de hecho, en el mundo”. Aunque Trump ha expresado que un cambio de régimen sería uno de sus objetivos, varias fuentes sugieren que podría no ser una condición imprescindible para poner fin a la operación. Además, una reciente encuesta muestra que la mayoría de los estadounidenses no apoya una acción militar en Irán y teme un conflicto prolongado, lo que aumenta la presión sobre el presidente en un año de elecciones de mitad de mandato. En paralelo, Trump ha instado al pueblo iraní a hacerse cargo del gobierno.

La economía y los mercados probablemente se verán más afectados por la reacción del precio del petróleo

Si la historia sirve de guía…
Las tensiones geopolíticas tienden a tener un impacto limitado en los mercados mientras no afecten a los fundamentos económicos. El precio del petróleo ha sido tradicionalmente un mecanismo clave de transmisión entre conflicto, fundamentos y mercados. Un ejemplo clásico es la invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1990. El precio del crudo, que había promediado 18 dólares en 1990 hasta el 31 de julio, saltó a 36 dólares. En Estados Unidos comenzó una recesión y el S&P 500 cayó de 369 a mediados de julio a 295, cumpliendo por poco la definición de mercado bajista (una caída de al menos el 20%). Aunque la recesión (según la definición del National Bureau of Economic Research) continuó hasta abril de 1991, el mercado bursátil tocó fondo en octubre de 1990 y superó sus niveles previos a la guerra en febrero de 1991.

Gráfico. Evolución del precio del petróleo frente al S&P 500 durante la invasión de Kuwait en 1990
Fuentes: Bloomberg Finance L.P., DWS Investment GmbH, datos a 26/02/2026
 
Además del precio del petróleo, las cadenas de suministro han emergido como otro mecanismo de transmisión relevante de los acontecimientos geopolíticos hacia la economía y los mercados. Sin embargo, en el caso de Irán, la dependencia global de estas cadenas es muy baja, por lo que, en nuestra opinión, el principal impacto debería proceder del precio del petróleo.
 

Dos factores fundamentales que influyen en el precio del petróleo

 

Para el precio del petróleo, lo más relevante es si el ataque provoca una interrupción prolongada del suministro o simplemente un shock temporal. Tanto en Venezuela como en el ataque contra Irán del año pasado, se trató de shocks de corta duración y su impacto en el precio del crudo se disipó con relativa rapidez. En el contexto del ataque actual, dos factores fundamentales pueden influir en la oferta de petróleo y, por tanto, en los precios: 1) el impacto sobre la producción iraní y 2) las posibles disrupciones del comercio a través del Estrecho de Ormuz.

Irán produce aproximadamente el 4% de la oferta mundial de petróleo
Irán produjo 3,13 millones de barriles diarios (mb/d) en enero de 2026, lo que equivale a cerca del 4% del crudo mundial. Dada la muy baja elasticidad de oferta y demanda en el corto plazo, cualquier reducción podría generar fuertes repuntes en los precios, aunque parte de este movimiento ya se había producido antes del ataque. La recuperación posterior del precio dependerá también de la rapidez con la que la OPEP pueda compensar la pérdida de suministro. Según Darwei Kung, Head of Commodities en DWS, “la capacidad ociosa de la OPEP es aproximadamente la mitad de toda la producción iraní. 
 
El 20% de los flujos de petróleo y GNL pasan por el Estrecho de Ormuz

Irán controla la parte norte del Estrecho y podría interrumpir el tráfico marítimo mediante minas, submarinos, misiles o embarcaciones rápidas. Según los primeros informes, Irán ya ha advertido a los buques que eviten la zona. La escalada del conflicto también puede hacer que algunas navieras decidan evitar el Estrecho de forma voluntaria, como ya ha ocurrido desde el empeoramiento de la seguridad tras los ataques estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes en 2025. 

La EIA estadounidense señala que existen muy pocas rutas alternativas para transportar crudo desde los estados del Golfo si el Estrecho quedara bloqueado: solo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos que lo evitan, y su capacidad es limitada. Como apunta Kung, “si el ataque llegara a hundir un buque en el Estrecho, este podría quedar bloqueado durante meses, lo que provocaría una interrupción prolongada del suministro. Una invasión terrestre también sería mucho más disruptiva que ataques aéreos aislados. 

Restricciones al tráfico o un bloqueo total del Estrecho tendrían un impacto significativo sobre el suministro global. En los dos últimos años, una media de 20 mb/d de líquidos petroleros ha transitado por el Estrecho —alrededor del 20% del consumo y la producción mundial— además del 20% de los flujos globales de GNL. Cualquier interrupción añadiría una presión considerable a los mercados energéticos. Dado el elevado nivel de producción estadounidense de shale y GNL, el impacto sería mayor en Europa y Asia que en EE. UU.
 

Escenarios operativos de interrupción del suministro de petróleo

1. Fricciones logísticas de corta duración con una interrupción moderada de las exportaciones (sin afectación al tránsito)
Este escenario supone que la acción militar estadounidense evita dañar la infraestructura energética y que el Estrecho de Ormuz permanece abierto, mientras Irán responde de manera calibrada para evitar una escalada mayor. Cualquier disrupción comenzaría como fricciones logísticas temporales —principalmente retrasos breves de petroleros durante 1 a 3 semanas, reduciendo el suministro hasta en 0,5 mb/d— aunque un ataque más amplio que afectara activos estratégicos adicionales podría introducir interrupciones temporales en los terminales de exportación y cortes breves de energía o comunicaciones. En consecuencia, las exportaciones de crudo iraní podrían disminuir de forma más significativa, en torno a 0,8–1,5 mb/d durante 4–10 semanas, dependiendo de la rapidez con la que se normalicen las operaciones. Esperaríamos subidas en los precios del oro y del petróleo, que posteriormente retrocederían a niveles ligeramente inferiores a los previos al conflicto conforme el mercado anticipe el fin de la disrupción.
 

2. Deterioro del tránsito marítimo
Este escenario contempla un ataque mayor por parte de EE. UU. y una respuesta firme de Irán, que aumentaría la presión marítima en el Golfo sin llegar a cerrar el Estrecho de Ormuz, para evitar daños a su propia economía y a la de China, gran compradora de crudo iraní. Irán recurriría a tácticas como el hostigamiento con lanchas rápidas, la incautación selectiva de petroleros y demostraciones con drones o misiles para elevar el riesgo percibido. El tráfico marítimo se ralentizaría, algunos buques serían retirados y los seguros se encarecerían, lo que requeriría escoltas navales y reduciría la productividad de la flota.

Stephan Werner, Head of Investment Strategy Equity en DWS, señala: “Estimamos que esta pérdida de productividad equivaldría a un endurecimiento efectivo de la oferta de ~2,5 mb/d durante varias semanas. Esto podría provocar un fuerte repunte del Brent y una ampliación de los diferenciales, similar a lo ocurrido a principios de 2022, a medida que los participantes compiten por suministro inmediato”. Al igual que en el escenario anterior, esperaríamos que los precios retrocedieran una vez que se vislumbre el final de la disrupción.

3. Bloqueo del Estrecho de Ormuz
Este escenario representaría una desviación sustancial respecto a enfrentamientos previos entre EE. UU. e Irán. Cabe esperar un impacto más prolongado y sostenido en los precios de las materias primas. El precio del petróleo podría dispararse y mantenerse elevado hasta que el Estrecho reabra y vuelva a estar plenamente operativo. Además de la pérdida de barriles iraníes, las exportaciones de otros países del Golfo también podrían verse interrumpidas mientras el Estrecho permanezca intransitable. El precio del oro probablemente marcaría nuevos máximos. Otras materias primas, especialmente aquellas exportadas desde el Golfo, también podrían encarecerse.

El GNL procedente de Irán, Emiratos Árabes Unidos y Catar sufriría perturbaciones, aunque algunos flujos podrían redirigirse a través de gasoductos. Dado que Irán es el tercer mayor exportador mundial de urea, los precios de esta sustancia también aumentarían, lo que encarecería fertilizantes y productos industriales y podría presionar al alza los precios de los alimentos.

Frank Kelly, Founder & Managing Partner en Fulcrum Macro Advisors LLC, señala que, además de un posible cierre del Estrecho de Ormuz, también sigue de cerca el riesgo de ataques contra infraestructuras petroleras críticas del Golfo, que “podrían ser igual o más disruptivas para las exportaciones”.

Por su parte, Darwei Kung, Head of Commodities en DWS, destaca: “Estados Unidos ha demostrado un claro interés en mantener la producción de petróleo. Durante la Guerra del Golfo de 1990-91, EE. UU. y sus aliados hicieron todo lo posible por proteger los campos petroleros con tropas terrestres. En conflictos más recientes, EE. UU. e Israel han mostrado una intención muy clara de evitar daños a la infraestructura petrolera tanto de Irán como de Venezuela. Irán podría intentar interrumpir la producción, y esperaríamos que EE. UU. empleara toda su fuerza para protegerla.

Implicaciones para otras clases de activos


Renta fija y divisas

“En el corto plazo, esperamos que los activos percibidos como refugio, como los Bunds alemanes y los Treasury estadounidenses, se vean favorecidos. El impacto a más largo plazo dependerá de cómo evolucione el precio del petróleo y de sus efectos sobre el crecimiento y la inflación”, señala Oliver Eichmann, Head of Rates, EM and Duration para EMEA. 

Xueming Song, Currency Strategist en DWS, añade: “Dado el aumento de la incertidumbre geopolítica, prevemos un fortalecimiento de las divisas históricamente consideradas refugio —como el dólar estadounidense y el franco suizo—, mientras que las divisas emergentes más sensibles al riesgo podrían debilitarse.”

Renta variable

Los mercados de capitales ya anticipaban la posibilidad de un ataque militar. Según Polymarket, el mercado descontaba una probabilidad significativa de un ataque antes de finales de marzo.

Thomas Bucher, Head of Investment Strategy Equity en DWS, apunta: “Mientras la acción militar estadounidense permanezca localizada, asumimos que los mercados bursátiles no reaccionarán de forma desproporcionada ni sufrirán daños duraderos.” En nuestra opinión, las bolsas —al igual que otros activos de riesgo— podrían experimentar presión inicial y, en línea con lo observado tras la invasión de Kuwait en 1990, recuperarse una vez que un final del conflicto sea previsible y el precio del petróleo retroceda.

No obstante, el desenlace de la operación militar es incierto, por lo que la situación y sus implicaciones para los mercados deben reevaluarse diariamente.

Resumen
Prevemos que el ataque conjunto de EE. UU. e Israel sobre Irán continúe al menos hasta finales de semana. Su impacto económico y financiero se canalizará principalmente a través de la reacción del precio del petróleo, determinada por las restricciones que el conflicto pueda imponer a la producción iraní y a los flujos comerciales en el Estrecho de Ormuz.

A medida que avance la operación, esperamos un repunte pronunciado del petróleo (y de otras materias primas). Si la respuesta iraní busca reabrir el diálogo diplomático, los precios podrían retroceder rápidamente. Un escenario de escalada que afecte al Estrecho de Ormuz podría deteriorar de forma sustancial la oferta mundial y mantener el precio del crudo en niveles elevados hasta que el tránsito marítimo se normalice.

En el corto plazo, esperamos que activos refugio —como bonos soberanos estadounidenses y alemanes, así como el oro— se beneficien, mientras que las primas de riesgo en renta variable y otros activos de riesgo aumenten. El efecto a largo plazo dependerá de cómo la evolución del precio del petróleo se traslade al crecimiento y a la inflación.