1/8/2025
Tal como refleja el acuerdo preliminar con la Unión Europea, las políticas comerciales de Trump se asemejan cada vez más a respuestas diseñadas para problemas que no existen
En microeconomía, el fallo de mercado es un concepto clave para explicar la aparición y evolución de las instituciones. Según este enfoque, cuando los mercados no logran maximizar la prosperidad, suelen surgir otros mecanismos institucionales —desde empresas jerárquicas hasta leyes antimonopolio y políticas comerciales. El punto esencial radica en poder replicar y mejorar selectivamente los resultados del libre mercado, lo cual resulta especialmente complejo dado que los gobiernos también son susceptibles a sus propios fallos.
Evaluados bajo este marco, los acuerdos preliminares con Japón, el Reino Unido y la Unión Europea (UE) no resultan tan negativos —al menos para los distintos socios negociadores de Trump y en comparación con los temores iniciales. Una forma sencilla de ilustrar estos puntos es observar cómo ha cambiado con el tiempo la composición de las importaciones estadounidenses según el país de origen. Nuestro gráfico de la semana combina datos anuales con cifras mensuales más volátiles correspondientes a este año, hasta el mes de mayo.
El acuerdo preliminar con la Unión Europea marca una tregua con el principal proveedor de importaciones de Estados Unidos.

Fuentes: U.S. Census Bureau, DWS Investment GmbH, datos a 30/07/2025
En un entorno político estable, la composición de las importaciones refleja la especialización basada en las ventajas comparativas. Las empresas y los consumidores deciden dónde adquirir determinados bienes, servicios o componentes en función de los precios más competitivos. Por ello, los cambios significativos suelen ser poco frecuentes y se manifiestan de forma gradual, como ocurre, por ejemplo, cuando los salarios relativos de los trabajadores del sector manufacturero en economías emergentes como China reflejan la pérdida progresiva de sus ventajas de coste.
Esto hace que las fuertes oscilaciones observadas este año —y ya presentes en países como China, México y Vietnam durante el primer mandato de Trump— resulten especialmente inusuales. Al menos en lo que respecta a los socios comerciales industrializados, es probable que la situación se estabilice. “A corto plazo, el acuerdo preliminar reduce significativamente la incertidumbre para los exportadores europeos y los importadores estadounidenses”, afirma Vincenzo Vedda, Director de Inversiones de DWS. “La verdadera incógnita es qué implicaciones tendrá a largo plazo.”
Desde una óptica económica, los aranceles punitivos de Trump siempre han parecido una solución en busca de problemas inexistentes. El comercio bilateral de bienes y servicios ha estado prácticamente equilibrado en los últimos tiempos. Las empresas estadounidenses generan beneficios superiores a la media —y a menudo con una carga fiscal reducida— en Europa, especialmente en el ámbito de los servicios digitales. En teoría, esto habría proporcionado a la Unión Europea un argumento sólido para adoptar medidas de represalia frente a fallos reales del mercado. No es de extrañar que los mercados bursátiles a ambos lados del Atlántico hayan reaccionado con un alivio cauteloso. Sin embargo, a largo plazo, es probable que la economía estadounidense pague un precio, ya que el crecimiento en sectores protegidos por aranceles podría desplazar otras actividades y reducir la eficiencia global.