20/2/2026
¿Cabe esperar un ‘cambio de régimen’ en la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos? El candidato a la presidencia, Kevin Warsh, ha planteado esa posibilidad en reiteradas ocasiones. No obstante, incluso en el supuesto de que Warsh sea finalmente confirmado, para los inversores resultan más relevantes los aspectos operativos del balance que cualquier enunciado programático.
Nuestro Chart of the Week compara las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense en manos de la Fed, como proporción del mercado total, con la evolución del índice de precios al consumidor (IPC). Los incrementos significativos en la presencia de la Fed han tendido a coincidir con periodos en los que la inflación posteriormente se intensificó, especialmente en la década de 1970 y nuevamente tras la pandemia. Esto no implica que el balance ‘explique’ cada repunte inflacionario, pero sí constituye un instrumento capaz de amplificar dinámicas ya generadas por la política fiscal o por shocks de oferta.
Este es el motivo por el que los mercados observan con atención a Kevin Warsh, crítico de larga trayectoria de la flexibilización cuantitativa (QE) y de la expansión del balance más allá de lo estrictamente necesario en una crisis financiera. Sin embargo, tal como advierte Christian Scherrmann, economista jefe de EE. UU. en DWS, no es apropiado derivar conclusiones precipitadas sobre un posible giro en la orientación de la política monetaria. En parte, ello se explica por los profundos cambios en la arquitectura financiera de la economía estadounidense en las últimas décadas.
En episodios de crisis anteriores, las compras masivas de activos llevaron a la Fed a adquirir bonos del Gobierno —y otros valores— ampliando su balance mediante compras directas en el mercado. Este proceso incrementó las reservas bancarias en el sistema. Al retirar bonos de los portafolios del sector privado, la Fed puede ejercer presión a la baja sobre los rendimientos a largo plazo, relajando así las condiciones de financiación más allá del tipo oficial. Ello puede estimular el crédito, los precios de los activos y el gasto agregado. Cuando la demanda ya es elevada y las restricciones de oferta son significativas, ese estímulo adicional tiende a trasladarse más a los precios que a la producción.
Actualmente, la Fed mantiene alrededor de 4,29 billones de dólares en bonos del Tesoro —aproximadamente un 14 % de la deuda negociable— y la inflación general del IPC se sitúa en el 2,4 % interanual. “Con Warsh podríamos ver una Fed más focalizada, que dependa menos, por ejemplo, de la orientación prospectiva (forward guidance)”, señala Scherrmann. “Pero cualquier modificación seguirá previsiblemente un patrón incremental, no rupturista.” En los próximos meses, estimamos que la Fed permanecerá en una posición de espera hasta que la inflación haya absorbido plenamente los efectos de los aranceles. A más largo plazo, es previsible que siga actuando con extrema cautela respecto a su balance, precisamente porque su utilización puede generar efectos significativos —con frecuencia impredecibles y con retardos difíciles de calibrar.
Fuentes: Bloomberg Finance L.P., DWS Investment GmbH al 17/02/2026
Esta información está sujeta a cambios en cualquier momento, basándose en consideraciones económicas, del mercado y otras, y no debe interpretarse como una recomendación. El rendimiento pasado no es indicativo de rendimientos futuros. Los pronósticos se basan en suposiciones, estimaciones, opiniones y modelos hipotéticos que pueden resultar incorrectos.