21/11/2025
México en el punto de mira: a pesar de las inquietudes previas a las elecciones estadounidenses del año pasado, el peso se ha fortalecido y los bonos locales han destacado. ¿Qué factores pueden estar impulsando esta resiliencia?
En marzo de 1993, México enfrentaba un problema. Y no era —o al menos aún no— el que la mayoría asocia hoy con la crisis del tequila de 1994. El desafío radicaba en que los inversionistas internacionales mostraban un entusiasmo por invertir en el país que superaba con creces lo que los incipientes avances en la economía real justificaban. Un alto funcionario mexicano admitió su desconcierto ante la rápida mejora en el sentimiento de los mercados desde 1990, cuando México prácticamente no podía acceder a financiamiento en los mercados internacionales: “Nunca estuvimos tan mal, pero tampoco estamos tan bien”.
Avancemos hasta el presente, y parece uno de esos casos en los que la historia, aunque no se repite, sí rima. En diciembre de 1994, los inversores perdieron la paciencia de forma abrupta. En los meses previos a las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2024, algunos temieron que el resultado pudiera desencadenar dinámicas similares. Sin embargo, tras conocerse el desenlace, el peso se fortaleció y los bonos en moneda local mexicana se situaron entre los activos de renta fija con mejor desempeño global en lo que va del año. Hasta ahora, la economía mexicana muestra resiliencia en 2025, incluso frente a un entorno internacional más adverso.
Banxico, el banco central de México, ha demostrado históricamente su capacidad para contener la inflación. Cuando los precios se aceleraron tras la pandemia, reaccionó con rapidez. Como ilustra nuestro Gráfico de la Semana, esta estrategia ha permitido iniciar una flexibilización monetaria anticipada. En nuestra opinión, la resiliencia de México no es fruto del azar, sino resultado de las duras lecciones aprendidas en las crisis de los años ochenta y noventa. El país ha reducido su exposición a deuda en dólares y se financia cada vez más en moneda local. Su tipo de cambio flotante, junto con la independencia del banco central, actúa como amortiguador frente a episodios de nerviosismo en los mercados. Todo ello contribuye a una menor vulnerabilidad ante choques externos.
Por supuesto, persisten riesgos. La inflación continúa siendo elevada, la consolidación fiscal avanza lentamente y aún quedan reformas internas pendientes. Además, la revisión del T-MEC en 2026 y posibles episodios de contagio financiero podrían generar volatilidad. La estrecha integración comercial con Norteamérica es una ventaja, pero también una fuente de incertidumbre, sujeta a la evolución de la política estadounidense.
Dicho esto, la lógica opera en ambos sentidos, al menos en lo que respecta al tipo de cambio y los mercados. “La resiliencia del peso este año no es casualidad; refleja décadas de reformas y un cambio hacia la financiación en moneda local que ha transformado las reglas del juego para los inversionistas en mercados emergentes”, señala Xueming Song, estratega de divisas en DWS. “También se ha visto favorecido por las dudas persistentes sobre el dólar estadounidense y por las amenazas a la independencia de la Reserva Federal”.
Fuentes: Bloomberg Finance L.P., DWS Investment GmbH al 12/11/25
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