03.03.2020 Infraestructura

¿Por qué las compañías de infraestructuras cotizadas son tan atractivas para los inversores?

Ferrocarriles, redes de fibra óptica y antenas de telefonía móvil: la demanda en el sector de las infraestructuras está creciendo en todo el mundo. Este hecho crea oportunidades para los inversores, incluso en épocas de dificultades económicas.

  • El crecimiento económico y la bonanza dependen de la eficiencia de las infraestructuras.
  • Para los mercados emergentes las prioridades son la construcción y la expansión pero los países industrializados también necesitan renovar las instalaciones más anticuadas. En este contexto, la necesidad de financiación sigue siendo elevada.
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La rapidez de los avances tecnológicos implican que muchas instalaciones se vuelvan obsoletas, pero tampoco suele haber suficiente dinero para la financiación de proyectos de infraestructuras.

Las construcciones de infraestructuras suelen ser proyectos que requieren un alto volumen de capital para poder materializarse. Las infraestructuras públicas de un país incluyen todas las instalaciones y estructuras necesarias para el buen funcionamiento y desarrollo de la vida social. Así, las redes de transporte, como las carreteras, las líneas ferroviarias y los aeropuertos son tan importantes como el suministro de energía y agua, las plantas de tratamiento de aguas residuales o las redes de telecomunicaciones. Las infraestructuras que contribuyen al bienestar social abarcan desde escuelas y hospitales hasta instalaciones deportivas y lugares de ocio, así como centros comerciales.

En cualquier caso, uno de los factores clave para optar por una compañía es la localización. Cuando una empresa se instala en una región, automáticamente afectará a la calidad de vida de la población.

El retraso en las inversiones amenaza la estabilidad de las poblaciones industrializadas

A pesar de la enorme importancia de las infraestructuras en el nivel de vida de la sociedad, la inversión ha tendido a quedarse atrás, especialmente en las economías más avanzadas. Esto se debe principalmente a los presupuestos tan ajustados con los que cuentan muchos países. En la mayoría de los casos, el problema es que carecen de dinero para financiar los proyectos. Además, estos últimos años en los que se ha podido ver una mayor falta de inversiones han provocado un retraso acumulado en la inversión. Por otra parte, las redes de tecnología móvil, debido a la gran velocidad de los avances tecnológicos, también se están quedando obsoletas con rapidez.

Según un estudio de la consultora estadounidense McKinsey, cada año se invierten alrededor de 2,3 trillones de euros en todo el mundo en infraestructuras de transporte, suministro de energía y agua y telecomunicaciones. Esto corresponde al 3,5 por ciento del producto interior bruto mundial (PIB)[1]. Sin embargo, para mantener el ritmo de crecimiento económico previsto para el periodo hasta 2030, sería necesario gastar anualmente casi 3 trillones de euros, es decir, el 3,8 por ciento del PIB. Si se observa el caso de Estados Unidos, bajo el mandato del presidente Donald Trump todavía no se han logrado impulsar las medidas necesarias para renovar sus infraestructuras tan deterioradas. La situación es similar en Europa.

Las acciones de empresas de infraestructuras tienen características diferenciadoras que las hacen atractivas para los inversores.

La urbanización está fomentando proyectos de infraestructura en mercados emergentes

Los mercados emergentes, con un rápido crecimiento de la población, un avanzado desarrollo económico y una urbanización en auge, tienen el crecimiento de sus infraestructuras como una prioridad urgente. Según el estudio de McKinsey, los mercados emergentes representan alrededor del 60 por ciento de las necesidades globales de inversión en infraestructura. De hecho, China, que destina el 8,8% de su rentabilidad económica a la infraestructura, invierte más recursos que Estados Unidos y Europa Occidental juntos.

Aunque en la actualidad se están desarrollando pocos proyectos de infraestructura cabe destacar la nueva Ruta de la Seda a Europa que China está construyendo y que ha provocado un alto nivel de interés por parte de los inversores. Este interés se debe a que las acciones de las empresas que participan en estos proyectos de infraestructura tienen características muy particulares ya que suelen ser proyectos de años e incluso décadas de realización. Este carácter largoplacista garantiza que las empresas implicadas tengan una entrada de efectivo recurrente, relativamente estable y previsible.

Además, las acciones de las empresas de infraestructuras también se consideran, por lo general, defensivas, pues son menos susceptibles a las fluctuaciones cíclicas.

Las acciones de infraestructuras también tienen riesgo

Por supuesto, la máxima de que no existe rentabilidad sin riesgo también se puede aplicar a las inversiones en el sector de las infraestructuras. Los cambios regulatorios y políticos pueden alterar radicalmente y de forma repentina las perspectivas empresariales de una determinada compañía. Además, teniendo en cuenta que los elevados costes fijos y las barreras de entrada al mercado crean obstáculos para las nuevas empresas de infraestructuras, los estados se ven obligados a intervenir y establecer ciertas condiciones. Los límites de precios en servicios como el de la electricidad y el agua o la necesidad de que los operadores de redes de telecomunicaciones conecten regiones menos lucrativas a la red de telefonía móvil pueden, por ejemplo, reducir las perspectivas de ingresos y afectar a la rentabilidad de las acciones.

Las inversiones en infraestructuras, por otro lado, también presentan un lado positivo. Históricamente, las empresas de este sector han ofrecido oportunidades a los inversores en ciclos económicos más avanzados con un menor crecimiento económico, como el que estamos experimentando en la actualidad. Dado que estas acciones suelen combinar rentabilidades previsibles con un crecimiento orgánico, han sido capaces de ofrecer buenos resultados a un nivel razonable de riesgo durante periodos de debilidad económica.
Además, la rentabilidad de los dividendos de las empresas de infraestructuras que cotizan en bolsa ha llegado a ser de 1,15 puntos porcentuales de media superior al de los mercados bursátiles durante los últimos diez años. Aunque esta diferencia se ha reducido recientemente a algo menos de un uno por ciento, es probable que la rentabilidad de los dividendos siga siendo uno de los puntos positivos para las acciones de infraestructura.

Los cambios políticos y regulatorios representan el mayor riesgo para esta clase de activos.

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