17.07.2019 Renta Variable

La guerra comercial entre EE.UU. y China: ¿Cómo afecta a los inversores?

Todavía no se vislumbra el final de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La incertidumbre que está generando esta disputa comercial está deprimiendo los mercados.

  • La guerra comercial entre EE.UU. y China parece estar aumentando de nuevo.
  • El temido colapso del mercado aún no se ha producido.
  • Sin embargo, mientras continúe la incertidumbre, el potencial alcista parece limitado.
4 minutos

La disputa comercial entre Estados Unidos y China sigue pesando en los mercados. Desde hace más de un año, las delegaciones de las dos superpotencias se han estado desplazando entre Washington y Pekín intentando – hasta ahora en vano – llegar a un acuerdo. En cambio, el conflicto sigue intensificándose.

Las interpretaciones de lo que este conflicto comercial implica en los mercados cambian casi a diario. En este sentido, algunos analistas consideran que no es tan malo, porque seguramente las dos partes tendrán que ponerse de acuerdo tarde o temprano, aunque, para un autoproclamado negociante como es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ser agresivo es parte de su táctica.

Así, los hechos se suceden cuando el presidente de los EE.UU. dice exactamente lo que piensa, China reacciona en consecuencia poniendo aranceles y con ello, las líneas de batalla entre las dos potencias se endurecen visiblemente. ¿Cómo saldrán estos dos países antagónicos de esta disputa? Todo parece posible.

La incertidumbre significa tipos de cambio volátiles

Sin embargo, una cosa parece clara: independientemente del impacto económico, nada perjudica más a los inversores que la incertidumbre. Situaciones como estas, en los que nadie puede decir cuándo terminará el conflicto, suelen estar relacionadas con unos tipos de cambio volátiles.

¿Cómo de grave es la situación?

En este contexto es importante mantener la cabeza fría y valorar con perspectiva ¿cómo de grave es la situación realmente? EE.UU. ya está imponiendo aranceles punitivos de hasta un 25 por ciento a varios productos procedentes de China con un valor comercial de más de 250.000 millones de dólares. De momento, las medidas de represalia de China afectan a los bienes estadounidenses por un valor de más de 110.000 millones de dólares.

Estas cifras parecen estar lejos de haber alcanzado su límite. Estados Unidos ya está amenazando a China con impuestos sobre otras importaciones por un valor total de 325.000 millones de dólares. Además, más empresas chinas podrían verse excluidas del mercado estadounidense por Huawei, el proveedor de equipos de telecomunicaciones.

No obstante, China también puede perjudicar a Estados Unidos. Podría reaccionar a las barreras arancelarias de EE.UU. devaluando el renminbi, aumentando así el conflicto a una guerra de divisas. El presidente estadounidense Trump ya ha publicado un tweet en el que dice que “China inyectará dinero en su economía y probablemente reducirá los tipos de interés”, y ha invitado al banco central estadounidense, la Reserva Federal, a que les dé un poco de su propia medicina con una reducción drástica de los tipos de interés norteamericanos.

Hasta ahora, los EE.UU. han impuesto aranceles punitivos del 25 por ciento a los bienes chinos por un valor total de 250.000 millones de dólares. Próximamente podrían añadirse a estas medidas arancelarias otros bienes por un valor adicional de 325.000 millones de dólares.

En 1980, la participación de China en la producción economía era de sólo el 2%. Hoy en día, está muy por encima del 18%.

Las barreras comerciales tienen un impacto global

La mayoría de los observadores están de acuerdo en una cosa: los aranceles son tóxicos para el comercio y perjudican el negocio de muchas empresas – no solo en los países afectados. La economía mundial está tan estrechamente entrelazada que es probable que los efectos se sientan en todas partes: los proveedores asiáticos podrían verse afectados, al igual que los mercados europeos, a los que se desviarían algunos de los productos con precios artificialmente inflados en EE.UU.

Un resultado de la guerra comercial es que el índice S&P 500 en los EE.UU. cayó considerablemente en mayo desde su máximo a finales de abril. Las pérdidas en el mercado bursátil chino han sido aún más visibles.

Sin embargo, hay algunas señales de esperanza. Por ejemplo, Trump ha pospuesto una decisión sobre los aranceles de los automóviles europeos importados hasta mediados de 2019, dando un respiro a la industria automovilística alemana en particular. Mientras tanto, el presidente de los Estados Unidos sigue adelante con la ratificación del acuerdo comercial USMCA (por sus siglas en inglés) con México y Canadá.

China ya no es tan vulnerable

Habiendo alcanzado la posición de la segunda potencia económica mundial, China tampoco es tan vulnerable como antes. En 1980, la participación de China en la producción económica era sólo del 2%. Hoy en día, está muy por encima del 18%.

Muchas empresas chinas obtienen ahora una gran parte de su volumen de negocios en el mercado nacional. La demanda interna en esta enorme nación de 1.400 millones de habitantes ha crecido fuertemente en los últimos años, sobre todo porque muchos chinos se están volviendo económicamente más prósperos. La dependencia de China de las exportaciones, que fue el talón de Aquiles del país en los primeros momentos de su crecimiento, se ha reducido considerablemente. Esto no significa que una guerra comercial no tenga ningún impacto, pero, a diferencia del pasado, ya no sería un desastre para la economía de esta gigantesca nación.

Asimismo, el gobierno chino no se quedará de brazos cruzados y verá arruinada su meta más importante de crecimiento económico. En cambio, es probable que intente aplicar contramedidas para estimular el nuevo crecimiento, como la reducción de los tipos de interés, una mayor inversión en proyectos de infraestructura y una mayor liberalización del mercado.

Estados Unidos también está perdiendo

Un vistazo a las estadísticas comerciales entre EE.UU. y China también nos dice que los cálculos del presidente de EE.UU. no han funcionado hasta ahora como se pretendía. El déficit comercial con China no se ha reducido en los últimos meses, sino que ha aumentado. En abril, las exportaciones chinas a EE.UU. cayeron un 13%, pero la caída en la otra dirección fue aún mayor en términos porcentuales. Las importaciones de EE.UU. cayeron un 25,7% [1].

De estos datos podemos concluir lo siguiente: Estados Unidos y China se necesitan mutuamente. El interés mutuo para ambas potencias es volver a la normalidad, tarde o temprano.

La presión de los mercados financieros podría llevar a la reconciliación

DWS cree que las partes probablemente se reunirán tarde o temprano. La presión de los mercados financieros podría ser tan grande como la insatisfacción de varios sectores de la economía estadounidense, donde la gente está sintiendo cada vez más el impacto de las nuevas barreras arancelarias en sus propios bolsillos.

En la reunión entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping durante la cumbre del G20 en Osaka (Japón) que ha tenido lugar a finales del pasado mes de junio, China y Estados Unidos ya han acercado algunas posiciones y pactado una tregua en su guerra comercial, restableciendo sus conversaciones económicas y comerciales entre los dos países. 

Muchos analistas creen que este respiro en su confrontación podría ser el primer paso hacia un acuerdo más estable. Esto es lo más probable, ya que cada vez está más claro que cualquier nuevo aumento del conflicto puede perjudicar en lugar de ayudar a ambas partes.

Por lo tanto, desde un punto de vista lógico, existen muchos argumentos a favor de que la guerra comercial termine sin contratiempos. No obstante, Trump no sería Trump si no se guardará un as bajo la manga que pudiera agitar nuevamente los mercados de capitales.

 

Los presidentes Trump y Xi se reunirán en persona en la cumbre del G20 en Osaka los días 28 y 29 de junio.

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1. Fuente: Bloomberg Finance L.P., DWS Investment GmbH; a día de: 08/05/2019

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